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Con la participación de 28 personas se ha realizado el pasado día 15 de diciembre el Taller Artesanales de Velas de Navidad, promovido por la Federación de Asociaciones de Pinto FEDAS y organizado por la asociación Surbike en colaboración con la asociación también pinteña Mujeres Siglo XXI.

 

 

 

Alumnos del Taller Artesanal de Velas de Navidad

Durante el taller los alumnos pudieron ver la elaboraron de diferentes tipos de velas, desde las bonitas velas de miel, hasta las velas de arena con su particular elaboración.

 

 

Velas de Miel y de Arena

También pudieron aprender, la creación de pantallas y de diversas técnicas de preparación, así como instrumentos y materiales relacionados con el antiguo oficio artesanal de cerero.

 

 

      Elaboración de una Pantalla de Luz

 

Por último, el taller se cerró con la elaboración de un centro de mesa con materiales naturales recogidos dentro del municipio  y adornado con una de las velas artesanales elaboradas en el taller.

 

 

 

Elaboración de Centro de Mesa Navideño

Asociación Surbike.

Como bien sabéis, SurBike ha comenzado a realizar salidas en bicicleta de montaña los viernes a las 19.00 horas, desde el  HOTEL PRINCESA DE EBOLI, para hacer pequeñas rutas y coger fuerzas para las vacaciones.

 

Queremos destacar que este viernes se nos ha pegado una “Salamandra” llena de energía, entusiasmo y con un rendimiento espectacular.

 

 

 

 

Siendo capaz de subir al vertice de Cabeza Fuerte y al Refugio de los Cazadores sin poner PIE A TIERRA.

 

Dar las gracias a los compañeros por valorar el esfuerzo de ALITA ( esfuerzo???… NOS LLEVABA CON LA LENGUA FUERA) y entender que merecia la pena seguir su ritmo.

 

Felicidades Alita. Eres una MAQUINA “ con sentimientos”.

Te esperamos todos los viernes.

 

Un saludo a tod@s

El Equipo de SurBike

3ª Parte.- El campo Estelar (de Cacabelos a Santiago de Compostela)

Anexo.- Fin del camino (de Santiago a Finisterra)


PROLOGO.-

Siempre me ha gustado ver el cielo en una noche estrellada, mirar ese camino de color blanquecino que esla Vía Lactea, e imaginarme los miles y miles de mundos, de estrellas, de planetas que pudieran existir a la misma vez que nosotros, y que sin duda, nunca llegaremos a conocer. Es impresionante ver miles de estrellas en el silencio de la noche, y pensar que por unos días estás formando parte del Camino, que por un momento, somos parte de una leyenda, y que va guiándonos, pedalada tras pedalada,  a través de ese campo de estrellas, a través de ese campo estelar en nuestra peregrinación a Santiago…a Santiago de Compostela.

(El nombre de Santiago de Compostela se compone de dos partes, Santiago, el apóstol, y Compostela, Campus Stellae, que traducido al castellano quiere decir “campo de estrellas”.)

BUEN CAMINO a todos.

 

Cacabelos – Samos.- (día 19 de agosto)

El reloj sonó a eso de las 6.30 horas y entre que preparamos los carros, nos aseamos y las pocas ganas de madrugar que había, apuramos la salida del albergue hasta la hora limite… las 8.00 de la mañana.

Nada más salir del albergue nos dirigimos a un parque cercano  donde degustamos un magnifico desayuno a base de frutas (piña natural, una sandia, peras y manzanas), el cual nos dio fuerzas hasta poder tomarnos un café con unas tostadas  unos kilómetros más adelante.

 

La verdad que el camino se desarrolla por una carretera prácticamente sin subidas y que animaba a dar pedales para llegar a la localidad leonesa de Villafranca del Bierzo. Itxu ya me había dicho, como antes de llegar a Ponferrada, que Villafranca me iba a gustar, y la verdad que una vez más, acertó con sus premoniciones.

 

 

 

Paseando por sus calles, palabras como Templarios, Reino de León, Medievo, o simplemente tradición o antiguo, van cobrando fuerza y realismo dentro de cada uno.

La iglesia de Santiago, el palacio de Torquemada o el Castillo o Palacio de los Marqueses de Villafranca, siglo XV,  entre todo un abanico de monumentos medievales, te hace revivir en otras épocas, y sobre todo cuando llevas dentro de uno mismo, el espíritu de los antiguos peregrinos templarios, camino de Santiago.

Después de un café y un par de trozos de bizcocho “típico” del bierzo, nos pusimos de marcha de nuevo, y esta vez a sabiendas de que el camino se iba a poner cada vez mas empinado y que nuestra meta más cercana era el pueblo gallego de O`Cebreiro.

Pasado Villafranca, el camino recorre unos parajes extraños, pues junto el verdor y la exuberancia de la vegetación, se mezclan el gris de la piedra antigua y el gris de los grandes viaductos, los cuales pasan por encima de nuestras cabezas, recordándonos de vez en cuando, que la realidad es otra y que cuanto más dure el camino, mejor nos sentiremos.

Pueblos como Pereje, o Trabadelo con su industria de la madera,  nos van dando gota a gota, el sabor de lo rural, de lo casi olvidado, y que después de haberlo visto, lo llevaremos en nuestra memoria para disfrute nuestro y de todas aquellas personas a las que tengamos el placer de contárselo.

 

Llegamos a otro punto emblemático de esta zona, a la entrada de la Vega de Valcarce con los municipios de La Portela de Valcarce, Ambasmestas, Vega de Valcarce, Ruitelan, San Julián, Las Herrerias de Valcarce y Hospital.

En esta parte del camino, el trazado se va haciendo más y más empinado, y a la vez más y más agreste. Las tonalidades de verde, y eso que es uno de los veranos más secos y calurosos, es impresionante.

Desde aquí, solo nos espera una carretera secundaria en magnifico estado, que nos llevará hasta el pueblo de La Laguna.

Llegados a la  altura de la aldea de La Faba y después de estar artos de subir, subir y subir, nos encontramos una bifurcación. Recuerdo que en un momento determinado, cuando estábamos decidiendo si cambiar de camino o no, nos pasó raudo y veloz otro ciclista cargado con un par de alforjas, y desde luego este no iba a subir por la parte empinada.

En esos momentos nos acordamos del dicho ese de ¿dónde va Vicente?…pues para que pensarlo más…detrás del ciclista.

Pueblo más ó pueblo menos y según habíamos visto, todos eran preciosos, y si encima, había ciclistas que nos habrían el camino pues…nos decidimos a cambiar la ruta y adentrarnos e un terreno desconocido pero a la vez mucho más cómodo por lo que se podía apreciar.

 

Comenzamos nuestra “persecución” y aunque se apreciaba la subida, no parecía ser tan abrumadora como por la del camino que íbamos. Ochocientos metros más adelante, ya estábamos en la aldea de la Faba, y casi…casi sin despeinarnos.

La Faba es una aldea pequeña, prácticamente con dos colores predominantes, el verde de la vegetación, y el gris de las piedras. Sus calles son empinadas, pequeñas, llenas de piedras y de vez en cuando con algún que otro paisano que mira con entusiasmo, desde el albergue, la multitud de peregrinos de camino a Santiago.

 

Nada más salir de la aldea, la cuesta empieza a ser más cuesta, el asfalto menos asfalto y las ganas de coger del pescuezo al ciclista que nos paso raudo y veloz se van acrecentando proporcionalmente a la cantidad de piedras sueltas y de todos los tamaños que van apareciendo en medio del camino. En el trayecto de dos kilómetros que separa las dos aldeas de la Faba y la Laguna invertimos casi hora y media. Como por arte de magia, el camino se transformo en una trialera de piedras sueltas, entre las cuales las ruedas de los carros se quedaban encajadas teniendo que arrastrar bicicleta, carro y carga por encima de ellas.

 

Como podéis imaginar, cuando llegamos a La Laguna no nos lo podíamos ni creer. Aún tuvimos que subir un poco más, para podernos imaginar  donde estábamos. Extenuados, sucios de polvos y arañazos, y con más ganas de llorar que de reír, habíamos llegado de desde la iglesia de Santo Domingo de Silos en el municipio de Pinto en Madrid, a las mismas puertas dela cultura Celta. Estábamosen la línea divisoria entre Castilla – León y Galiciala tierra Celtapor excelencia.

 

Nuestro primer gran reto casi está superado, solo nos queda un kilometro y llegamos a El Cebrero (O’Cebreiro en gallego ) es una parroquia del municipio de Piedrafita del Cebrero, en la provincia de Lugo . Pertenece a la Comarca de Los Ancares Lucenses y como particularidad tiene que es el primer pueblo gallego del Camino de Santiago Francés.

En su arquitectura destacan las pallozas, unas autenticas obras de arte y la iglesia de Santa María (prerrománica, del siglo IX), que custodia un cáliz (románico, datado en el siglo XII).

 

Con todo el retraso acumulado no podemos parar más de lo necesario, pues queremos llegar a comer cerca de Sarria y vamos muy pegados de tiempo.

Seguimos y aunque mucho más cómodo de subir, todavía nos quedan unas cuantas rampas. Esta vez y visto lo visto, decidimos continuar porla carretera. Nadamás pasar O`Cebreiro, tenemos un pequeño descanso para las piernas aunque poco nos dura pues acometemos el alto de San Roque con su popular estatua en honor del peregrino. Naturalmente tanto Itxu como yo nos hicimos sendas fotos para el recuerdo, pues aunque la etapa estaba siendo dura, estaba mereciendo la pena.

 

Desde aquí solo nos quedaba que superar una prueba más… Itxu siempre ha sido la persona encargada que mediante los libros de ir guiando la ruta, la cual mediante el GPS la teníamos totalmente controlada. Esta vez la compañera se había guardado un as enla manga. Faltabaun poco más para subir…Teníamos por delantela subida Altodo Poio y que por no aguarme la fiesta se mantuvo hasta el final.

El  puerto aunque no muy largo,4 km. se dejaba sentir. No ya por la dureza, si no porque ya llevábamos más de siete horas dando pedales, con un montón de puertos y rampas en las piernas y tirando cuesta arriba de más de 20 kilos de peso en cada carro.

Solo recuerdo, que a la mitad del puerto Itxu me paso, que unos metros más adelante me era imposible aguantar el ritmo y que doscientos metros del alto del puerto puse pie a tierra y le dieron mucho por allí ala subida. Graciasa Itxu, cambiamos de arcén, pusimos las bicis y los carros en la zona de umbría, y me tire 10 minutos a la sombra bebiendo agua caliente y esperando que se me dejara de montar los músculos para poder llegar arriba y bebernos un par de jarras de tinto de verano.

Para nuestra desdicha, llegamos al Alto do Poio a las 16.30 y por lo tanto ya no había cocina…conclusión bebe, refréscate y a la a continuar hacia Sarria, o por lo menos eso era lo que pretendíamos.

 

Mirando el libro de ruta, decidimos llegar hasta Tricastela, uno de los pueblos más importantes en la bajada desde donde estábamos, y que esta situado a unos15 km. Calculamos que en media hora podríamos estar en él.

Atrás dejamos aldeas y pueblos preciosos, y que aún nos estamos arrepintiendo de no haber podido parar para poderlo admirar como ellos se merecen, Fonfria, Viduedo, Vilar, Fillobal, Pasantes…que bonitos y sobre todo que acogedores, en medio de las montañas, en medio de la nada, y con una representatividad de la tierra de Galicia abrumadora.

Cuando Llegamos a Tricastela, eran las 17.00 horas pasadas. Se nos planteo otro dilema…Si nos quedábamos a comer, se nos iba hacer muy tarde, ya que estando en el Camino Frances, no es como cuando estábamos en el Camino de Madrid. Aquí la hora mas tardía en la que puedes entra en los albergues y encontrar plazas es como máximo las 19.00 horas.

Después de mucho ver y de calcular, decidimos arriesgarnos a continuar bajando, no ya hasta Sarria, si no llegar al municipio de Samos,10 km. más abajo, con su impresionante monasterio convertido, parte de él, en albergue municipal.

Lastres, Freituxe, y San Martino do Real, son otras tres joyas que merece la pena parar y deleitarse. Saboreando  las imágenes y recuerdos de pasado que ellas mismas trasmiten.

 

Después de una última bajada, después de estar subidos en la bici casi once horas y después de arrastrarnos por esos caminos de Díos, a las 18.30 horas, llegamos al albergue municipal de Samos.

Recuerdo que lo primero que hicimos es acocarnos a la recepción del albergue, para ver si teníamos sitio. Casualmente de ciento y pico plazas les quedaban seis plazas, de las cuales, dos nos dieron a nosotros y las otras cuatro se las dieron a dos parejas de ciclistas (dos chicos catalanes y a dos chicas italianas) que ya nos habíamos encontrado subiendo hacia el Alto Do Poio y que les habíamos dejado atrás, ya que ellos si habían parado para descansar kilómetros atrás.

La verdad es que tuvimos suerte, ya que nos dieron dos literas al fondo del albergue, junto a la pared, donde pudimos meter los carros con el equipaje. Las bicicletas las llevamos a un cobertizo, muy bien acondicionado y bajo llave, para que pasaran la noche.

 

 

Empezamos con la rutina típica del peregrino cuando se llega al albergue… abre el equipaje, saca la ropa y los útiles de aseo. Mientras uno se ducha el otro lava la ropa, y mientras el otro se ducha el otro tiende la ropa…eso es así más o menos, ya que cuando uno de los dos compañeros es muy rápido haciendo las cosas o el otro es muy lento aseándose…pues pasa lo que pasa…que normalmente lava la ropa y la tiende siempre el mismos…o sea…la compañera Itxu.

Tengo que reconocer que a mi me gusta ir con tranquilidad, mas aún cuando no puedo ni con mi alma por haber estado dando pedales todo el día, e Itxu, es todo lo contrario…cuanto antes hagamos las cosas antes acabamos y antes nos podemos sentar a descansar.

Después de estas pequeñas diferencias, sin importancia…para algunos, (cada vez que tengo que hacer algo, me lo sigue recordando) pudimos irnos a comer – merendar – y a cenar, todo en uno.

Nos acercamos a un restaurante justo enfrente del albergue, (hay que matizar que antes de salir del albergue preguntamos que hora era límite para volver a entrar ya que a partir de las 23.00 cierran las puertas, para no molestar al resto de peregrinos.)

La cena consintió en:

Ración de Pulpo

Ración de Chipirones

Ración de Pimientos de Padrón

y una Tortilla de Patata.

6 jaras de tinto de verano

2 Cafés

Y un par de copas (cada uno), de las cuales no me acordaba al día siguiente, y por lo tanto mucho menos días después.

 

Gracias a Dios que para volver al albergue, todo era en línea recta. Recuerdo que llegamos, sacamos los cepillos de dientes, y nos fuimos a dormir. Nos habían tocado dos literas continuas de la parte de arriba, adosadas porla cabeza. Subía la litera y no dure ni dos minutos.

Lo que si recuerdo, que a eso de las cuatro de la mañana, ya empezó el movimiento de peregrinos, ya que los que van andando suelen salir de cinco a seis de la mañana.

Miré a la litera de Itxu y estaba vacía…

Me incorpore y la vi metida en el saco, entre los dos carros de la bici durmiendo a pierna suelta. Cuando nos despertamos a eso de las seis y media,  le pregunte el porqué de haber dormido en el suelo, y me dijo que no quiso subir a la litera para no molestar al resto de compañeros. Me la quede mirando, mire el saco en el suelo, mire las literas, mire los carros…y la pregunte… ¿Seguro que habrías podido subirte a la litera según como llegamos ayer después de la cena…?

Itxu me miro, tomo la bolsa de aseo, paso por mi lado y se fue a los aseos…

Itxu, ¿Por qué  te vas a lavar los dientes?, ¿Por qué no me contestas?… Todavía hoy estoy esperando que me conteste… ¿Pues tampoco fue para tanto la pregunta…no?

 

Samos – A Calzada (Lestedo) .- (día 20 de agosto)

Levantarse a las 6.30 es duro…levantarse a las 6.30 y con una mañana nublosa y fría más…pero levantarse a las 6.30, en una mañana fría y nublosa y además con un dolor de cabeza de la leche por causas que desconozco todavía…no os lo podéis ni imaginar.

No vamos a tocar de nuevo el tema de donde se durmió o de cómo se durmió cada uno de nosotros, pues lo realmente importante del día que teníamos ante nosotros, era que por fin llegaba el 7º de Caballería Pinteña.

Durante el día nos íbamos a encontrar con Mila y con Rubén, los cuales, aparte de ser parte de mi familia, son asiduos a todas estas “paranoias cicloturistas” que me da por montar, y que en este ocasión nos dio por montar tanto a Itxu como a mí, para llegar desde Pinto a Santiago.

Para que os hagáis una idea, cuando nosotros salíamos de Samos, Mila y Rubén debían salir de Pinto y según fuera transcurriendo el viaje, iríamos viendo donde nos juntábamos.

Como os digo, la mañana se levanto nublada y medio lloviendo. Después de recoger todo y de tomarnos un par de tostadas con aceite y un café y un Colacao, nos pusimos en marcha.

El monasterio a esas horas de la mañana y entre esa bruma, es digno de verse. Cada vez estoy más convencido, de que con los paisajes, monumentos y demás  maravillas que existen dentro de España, los propios españoles  no tenemos ni idea que existen, para poderlas contemplar y admirar.

 

El paisaje se hace más y más “santiaguero”. Vamos dejando atrás pueblos y aldeas como Foxos, Teiguin ó Aían que perfectamente podían haber inspirado las historias de Dª Emilia Pardo Bazán o D. Camilo José Cela.

Las casas de piedra, los muros anchos llenos de hiedras, musgos y vegetación, nos hacen recordar otros tiempos, otras gentes y otras historias.

Pasado la aldea de Teiguín, dentro del Concello de Carballal y hasta pasada la localidad de Sarria, la vegetación se vuelve cada vez más espesa. Ríos y regatos se van sucediendo a la vez que nos encontramos una serie de pasos  y de “corredeiras” que sirven para enlazar prados, praderas,  huertos y aldeas.

 

La espesura se va alternando con claros y a su vez con caminos, carreteras y alguna que otra subida trialera que hacen nuestras “delicias” a estas horas del camino.

Pedalada tras pedalada, nos aproximamos a la localidad de Sarria perteneciente a la comarca que lleva su mismo nombre en la parte central de Lugo.

Recuerdo que nos tomamos un cafés en un bar al lado de la calle de la Escalinata o de la Escalera, o de los Escalones, pues se la conoce por todos estos nombres. Me acuerdo que el bar estaba en una calle con fuerte pendiente, y que las sillas como las mesa, estaban calzadas de tal manera que cuando nos sentábamos, tanto las personas como, las consumiciones quedaban totalmente horizontal…(Hay que reconocer que cuando se trata de hacer dinero, las personas lo primero que ponemos a trabajar es la mente…)

 

Salimos de Sarria y a poco más de dos kilómetros, nos encontramos con un hermoso castañar. Me gusta pensar en él como el Castañar del Dragón, pues en  lo más hondo del bosque, hay un árbol, un castaño más concretamente, que con un poco de imaginación y una pizca de fantasía, podíamos ver la forma de un Dragón Durmiente, y si entrecierras los ojos, hasta un Trasgo Astur que nos va acompañando todo el camino.

Poco a poco seguimos pasando municipios…Belante, Morgade, Vileiriz, Moimentos, Montrás todos ellos rodeados de esa aura mágica que tienen estas tierras y su cultura Celta.

Por fin estamos ya muy cerca de nuestra parada intermedia, según ha avanzado la mañana, el sol ha ido calentando y las neblinas han ido dando paso a un sol y a unas temperaturas, que siendo coherentes en el mes en el que estamos (agosto), son poco habituales en la zona donde estamos.

Pasamos por la localidad de Vilacha y aunque no lo habíamos visto todavía, lo vamos sintiendo poco a poco. Curva a la derecha, curva a la izquierda y de repente todo lo tenemos enfrente de nosotros. Una de las localidades más características de esta región, Portomarín, y como no podía ser de otra manera, a sus pies, uno de los ríos gallegos más representativos, el río Miño.

 

Son pasadas las 12 de la mañana y después de varias llamadas de teléfono, para saber por dónde vienen los refuerzos, hemos decidido esperarles en esta localidad. Como hacía varias jornadas que veníamos pensando que en el momento que hubiera ocasión  darnos un bañito en alguna que otra charca, decidimos hacer la espera en la piscina municipal de Portomarín, que si bien estaba prácticamente vacía, estaba bien provista de tintos de verano y de buenos tercios bien fríos para hacernos la espera mucho más llevadera.

 

La verdad que en todo lo que llevábamos de camino la gente había sido encantadora y naturalmente aquí no iba a ser de otra manera. Nos dejaron pasar las bicicletas y los carros hasta dentro de la piscina, para que pudiéramos cambiarnos sin ningún problema.

Las prendas que habíamos lavado en Samos la noche anterior, las pusimos a secar al sol en la zona para secar las toallas y los bañadores, y nos fuimos directamente al agua.

Recuerdo que era como si no fuéramos nosotros…metidos en el agua, apoyados en el borde de madera de teka, mirando el río Miño, relajando las piernas y simplemente a la espera de los compañeros de Madrid bebiendo cerveza…si existe la Gloria…esto era lo más parecido.

 

Bueno…bueno…bueno, ya están aquí, Mila, la jefa de logística y el “figura” de Rubén, que aunque en su día no quiso venirse porque según él, el Camino de Santiago desde Madrid era “muy aburrido”  había que aprovechar para acompañar ala “Jefa” y de paso hacer las dos últimas etapas…más o menos.

Besos, abrazos, risas y sobre todo muchas ganas de contar y que nos contaran. Hacia 10 días que habíamos partido desde la Iglesia de Santo Domingo en el parque del Egido en Pinto, y a nosotros nos parecía que llevábamos semanas y semanas de aventura recorriendo este “gran” camino.

 

Después de hablar unos y otros, decidimos irnos a comer, ya que aunque nos íbamos a quitar gran parte del peso de los carros, todavía nos quedaban veintitantos kilómetros para llegar a Palas del Rei, el final de esta penúltima etapa del Camino hasta Santiago.

Entre comer en condiciones, por primera vez en compañía, vaciar los carros de las cosas que podíamos meter en el coche de apoyo, y sacar las fotos oportunas, salimos más tarde de la cuenta, con lo cual, eso iba a significar, que o bien le íbamos a dar “zapatilla” para llegar antes, o que si se nos hacía muy tarde, nos tendríamos que buscar un albergue en el cual cupiéramos todos…dos peregrinos y dos acompañantes antes de llegar a Palas del Rei.

Naturalmente, para Rubén, esta ruta era algo distinta a lo que él esperaba.

El camino desde Portomarín a Palas del Rei, es prácticamente por carretera, aunque para ir pasando por los pueblos, el camino entra y sale de estos, cada vez que se va acercando a una población.

Gonzar, Castromaior, Ventas de Narón, Ligonde, Portos, son nuevamente nombres que llevamos en nuestra memoria, rodeados de olores, colores, y con Rubén el nuevo compañero,…risas muchas risas.

La carretera, una vez que te metes entre estas maravillosas aldeas, se va convirtiendo en suaves llanos, cortas y pronunciadas bajadas e inevitablemente, cortas y pronunciadas subidas, las cuales si no cambias a tiempo…pasa lo que pasa….

 

Habíamos quedado con Mila en Palas del Rei, y prácticamente ya estábamos muy cerca. Habíamos pasado por Portos y estaríamos como a  unos6 km. cuando pasamos por A Calzada, una especie de pedanía entre Portos y Lestedo. Encontramos un albergue para peregrinos, que aunque sin ser municipal, era una autentica “pocholada”.

Llamamos a Mila, que ya estaba esperándonos en Palas de Rei y la dimos las indicaciones oportunas para que se viniera al albergue. No penséis que es fácil, indicar a un coche que venga desde un municipio a otro, y más cuando ese otro es una pedanía pequeñita, entre dos aldeas casi perdidas (gracias a Díos) en medio de Lugo.

El albergue constaba de varias edificaciones. La principal que contenía la cocina – bar – comedor – cantina, en otro edificio, los dormitorios  con 10 literas, dos baños, y zona de estar, y fuera aparte, un cobertizo para guardar las bicicletas, y  mucho terreno para jardín y huerto, y como no en todo el centro, un típico hórreo gallego.

Bueno pues con todo esto, el pasar la noche por persona fueron 10€ por persona, fueras o no fueras peregrino.

 

Después de desmontar todo y meter los bultos en la zona de dormitorio, nos pasamos a la cantina – comedor, donde un buen pote de caldo gallego y unos huevos fritos con muchas…y cuando digo muchas eran muchas patatas fritas, terminaron por quitarnos el cansancio y las prisas del día que para nosotros terminaba.

Apagamos las luces, lo único que podíamos oír era la lluvia que repicaba en el jardín y en las tejas del tejado. Sabia que al día siguiente teníamos que acometer la última etapa, nos esperaban los últimos70 kmpara llegar a nuestro destino, y no se muy bien como decirlo pero me encontraba “raro” , tenia unas ganas tremendas de que comenzara el día siguiente, pero a la vez quería detener el tiempo y poder seguir saboreando esta maravillosa aventura que estaba viviendo.

Me empecé a quedar dormido, y seguía escuchando las gotas al caer…me gustaba ese ronroneo…me quede dormido tatareando muy por lo bajito una canción de Luarna Lubre, un grupo gallego de música folk… ¿cómo se llamaba la canción?…no sé…no…logro acordarme… pero creo que era algo así como… “CHOVE EN SANTIAGO”.

Chove en Santiago
meu doce amor
camelia branca do ar
brila entebrecida ao sol.

Chove en Santiago
na noite escura.
Herbas de prata e sono
cobren a valeira lúa.

Olla a choiva pola rúa
laio de pedra e cristal.
Olla no vento esvaido
soma e cinza do teu mar.

Soma e cinza do teu mar
Santiago, lonxe do sol;
agoa da mañan anterga
trema no meu corazón.

Luarna Lubre

 

A Calzada (Lastedo) – Santiago de Compostela.- (día 21 de agosto)

Es despertador sonó a eso de las 6.00 de la mañana, pues aunque  dejamos preparadas las cosas la noche anterior, teníamos que tener cuidado en no despertar a los compañeros de “logística” (Mila y Rubén), ya que ellos no hacia falta que se levantaran tan pronto. No se si era por el día que era, ó tal vez, por que esto se estaba acabando, pero el amanecer se levantó como mi estado de animo. Recuerdo que estaba amaneciendo, y caía una lluvia fina. El aire embriagaba  a hierba cortada y a tierra mojada. Todo estaba empapado y menos mal que las bicicletas y los carros los habíamos dejado en el cobertizo la noche anterior.

Realmente no podíamos pedir un mejor día para llegar al corazón de Galicia y del Camino de Santiago, ni para llegar al centro de todo lo que significa para algunos de nosotros el mundo celta.

Durante diez días, no nos había caído ni una sola gota de agua en todo “El Camino” y ahora que habíamos llegado a las puertas de Santiago, no creo que hubiera mejor tiempo para el final de nuestra aventura.

Cuando salimos del albergue nadie estaba despierto, salvo Mila que nos dijo que tuviéramos cuidado.

Nos pusimos a dar pedales en dirección a Lestedo, ya que como recordareis, la idea era haber pasado noche en Palas de Rei.

 

El camino por entre estos pueblos y aldeas es maravilloso, siempre rodeado de árboles, prados, zonas umbrosas y por supuesto la edificación típica…los hórreos, nos van recordando la tierra donde estamos.

Rosario, Palas de Rei, Carballal, Camiño, son poblaciones, entre otras, que vamos pasando.

El camino por todas estas poblaciones tiene una ventaja, la cual consiste que puedes atravesar el pueblo o la aldea, ó si quieres, bordearlo porla carretera. Nosotrosdependiendo de la localidad, íbamos atravesando o bordeando, pues cada lugar tiene un encanto diferente.

Seis kilómetros antes de Melide, pasamos el límite de las provincias de Lugo y A Coruña, entramos en el radio de los últimos50 Km., estamos en la influencia de poblaciones como Melide, Boente, ó Arzua, en la cual aprovechamos para poner uno de los últimos seños en nuestra credencial, y aprovechamos para tomarnos algo caliente, pues llevamos casi todo el trayecto bajo la fina lluvia.

 

 

Poco a poco nos vamos acercando a nuestro destino final. Pasado salceda ya vamos viendo que las aldeas más que aldeas se van convirtiendo casi, casi en barrios del propio Santiago. O`Empalme, O`Pedrouzo  y como no…San Payo, el barrio cercano al aeropuerto de Santiago de Compostela.

Es obligado, antes de entrar a San Payo, parar para hacerse la foto con el escudo en piedra de la ciudad, pegado a la A-54.

Es curioso, pero según vamos acercándonos a Santiago, el tiempo va mejorando y se van alternando los claros con las nubes.

 

Ya está cercana la hora de comer, y pensamos que en vez de parar a comer en el propio Santiago, era mejor que comiéramos antes de entrar en la capital, ya que habría menos gente, y sobre todo nos seria mucho más económico.  Al llegar a san Payo, encontramos un restaurante pequeño pero a la vez con todo el encanto del camino. Poca gente, muy bien de precio y sobre todo tranquilo y a tan solo12 Km. del centro de Santiago.

 

Nos pusimos en contacto con Mila y Rubén, y quedamos para comer con ellos en este escondido rincón de Santiago. Realmente no me acuerdo muy bien de lo que comimos, pues la realidad, es que yo llevaba un nudo en el estomago durante toda la jornada…

Si recuerdo que nos tomamos un par de tintos de verano cada uno y que la comida era casera.

Postre, café…otro café…y ya no se pudo retrasar más…

 

Estoy completamente seguro que ve vais a entender cuando os digo que  para mí estos últimos12 Km. iban a ser los más duros de todo el Camino de Santiago. Ni había grandes subidas, ni había caminos en malas condiciones, y ni siquiera el tiempo era malo, pues hacia tiempo que había dejado de llover, y aunque el día estaba gris la temperatura era ideal, pero cada vez que daba una pedalada hacia delante, mi mente y mi corazón querían dar dos o tres pedaladas hacia atrás…

 

Me cuesta escribir, pues aunque casi ha pasado un año, sigo recordando kilómetro a kilómetro lo que sentía en esos momentos. La Rúa de San Marcos que nos llevaba al Alto do Gozo, donde creo recordar, que prácticamente no nos dijimos nada Itxu y yo, pues en esos momentos la procesión iba por dentro.

Recuerdo que paramos en la bajada del Alto do Gozo, Rúa do Gozo, donde había una especie de museo con piedras talladas en formas de animales y motivos Galegos.

 

Os podéis imaginar como fue la entrada al casco urbano de Santiago de Compostela…desde que habíamos pasado por el Alto do Gozo, no me había quitado las gafas de sol aunque el día completamente cubierto. Las avenidas y las glorietas iban pasando hasta que llegamos a una gran plazoleta, donde un gran cartel donde pone Santiago, da la bienvenida a todos los que llegamos a esta ciudad.

Por narices tuvimos que parar para hacernosla foto. Estábamosa un paso de conseguir nuestro objetivo, pero había algo en el ambiente, que nos decía que esta parada, que todas las paradas que habíamos hecho durante el día de hoy, no eran como la de los días anteriores.

Sabíamos que lo mejor y lo peor estaba por llegar, y después de la foto de rigor, dar unas vueltas por aquí y por allá (no queriendo llegar a nuestro destino) nos dispusimos a enfilar el tramo final.

Los carros prácticamente vacíos, ya que todo lo teníamos en el coche de apoyo, y lastraban como nunca. Cada adoquín de las calles de Santiago del casco antiguo se nos hacían escalones, y sobre todo los cometarios de las personas que nos veían pasar (en la parte de atrás de las bicicletas llevábamos una especie de “matricula” donde ponía el  nombre de la asociación y…De Pinto a Santiago…706 Km.)…¡Vamos peregrinos que ya habéis llegado!, ¡Ánimo que ya no os queda nada!, ¡Mira vienen desde Pinto!…nos iban llenando los sentidos y nos íbamos dando más cuenta donde estábamos.

 

Paramos en una escalera antes de entrar en la gran plaza, no recuerdo el motivo…una foto, tomar un respiro, o simplemente para tragar el nudo en la garganta que llevábamos durante gran parte del día, y dimos la última pedalada.

 

Después de diez días, ochocientos seis kilómetros, mas de un centenar de pueblos y un montón de ilusiones, sentimientos, olores, imágenes y sobre todo como diría el gran poeta urbano,  Sabina,…mucha…mucha…aventura (que no… POLICÍA) entramos enla gran Plazadel Obradoiro en Santiago de Compostela.

 

Eran las 18.00 horas del domingo 21 de agosto de 2011, dejamos las bicicletas, me quite los guantes y abrace a mi compañera de viaje, nos dimos un beso y la dije al oído todo lo alto que me permitía el nudo en la garganta “Lo hemos conseguido Itxu, hemos hecho el Camino de Santiago desde Pinto”.

Pasaron unos instantes hasta que nos dimos cuenta que Mila y Rubén nos estaban esperando también enla plaza. Másbesos, más abrazos, mas enhorabuenas…, pienso que tuvieron que pensar que nos había dado un “pasmo” a los dos, pues estábamos como fuera de lugar totalmente.

Yo miraba sin ver, oía sin escuchar, y pensaba sin saber, pues en ese momento, para mi solo había una pregunta después de esta gran aventura… ¿Y ahora qué?

 

 

 

Anexo.-

Fin del Camino.- De Santiago de Compostela a Finisterra. (Día 22 de agosto)

 

Después de que nos fuéramos a presentar la credencial y a recoger nuestra Compostelana, nos fuimos a tomar nuestro ya consumado “tinto de verano” a una cafetería detrás del la plaza del Obradoiro. Nos sentamos y comenzamos a pensar que íbamos a hacer, ¿Dormíamos en Santiago mismo? ó ¿dormíamos en las afueras? ya que pensábamos pasar dos o tres días haciendo turismo por la zona.

 

Todo vino rodado, ya que pensando que nos íbamos a ir hacia el norte de Galicia, ¿por qué no aprovechábamos y ya que teníamos el coche de apoyo, continuábamos un día dando pedales…?

 

El verdadero Camino de Santiago, no empieza donde nos dicen los libros de rutas, ya sea el Camino Frances, el de Madrid, el Portugués, el de la Costa o el Antiguo Camino, ni siquiera La Vía de la Plata.

El verdadero Camino de Santiago, empieza desde la puerta de la casa, de cada una de las personas que comienzan el camino, con lo cual hay mil millones de sitios desde donde empezar el Camino de Santiago. Pero también es cierto, que solo hay un único sitio donde acaba el camino, donde los pueblos de la antigüedad pensaban que la tierra se terminaba…en Finisterre. (Finisterra)

 

Decidimos pasar la noche a las afueras de Santiago en un camping, y os puedo asegurar, que si durante los días anteriores no había llovido, esa noche se abrieron las compuertas de los cielos y nos cayó el diluvio universal encima.

 

A la mañana siguiente, nos levantamos y después de achicar agua de las tiendas, y del resto de enseres, nos dispusimos a recorrer esta parte final del camino. Ya sin carros que remolcar y sin prácticamente peso, los kilómetros se fueron haciendo mucho más rápidos y llevaderos. Desde Santiago a Finisterra hay85 kilómetros, los cuales los dividimos en dos rutas, una por la mañana de51 kmhasta la aldea de Olveiroa, perteneciente al municipio de Dumbría y otra por la tarde hasta el Cabo de Finisterre de30 kilómetrosaproximadamente.

Prácticamente el recorrido se puede hacer del tirón, ya que este tramo tiene mucho de caminos y carreteras segundarias asfaltadas con lo cual el ritmo se hace constante, no olvidándonos de que al ir por la costa a partir del municipio de CEE tenemos algún que otro sube y baja, los cuales a estas alturas se van notando en la fuerzas.

 

Cuando llegamos a Finsterra, el tiempo estaba bastante nublado y seguía de vez en cuando cayendo esa llovizna que todo lo empapa pero que da, a cada cosa, un color especial.

Es dentro del edificio del Cabo de Finisterre donde nos pusieron el “Último Sello”  y con el cual nos fuimos a hacernos la foto junto al kilómetro 0.00  de nuestro Camino de Santiago.

 

Atrás han quedado muchas cosas, muchas más que las que os he ido contando mes a mes, durante casi un año entero, y que no os las puedo contar, ya que por mucho que me esforzara, la única manera que me gustaría que las supierais, no es por una historia escrita en una revista, sino por que os habéis decidido hacer vuestro propio Camino de Santiago.

 

Buen Camino a todos.

 

 

Joder que bien nos lo hemos pasado Itxu.

Ni que lo digas, ha sido una experiencia maravillosa, y eso que tú tenías dudas…

La verdad que si, pero ha merecido la pena.

¿Qué es esa música? ¿Es música gallega, no Manu?

No Ixu, eso suena como un fado portugués creo…

¿Portugués? No fastidies… ¿Que distancia hay desde Santiago a Portugal?

No sé Itxu, pero si quieres lo puedo mirar … ¿por?

…por nada, querido compañero…por nada…

 

FIN

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PROLOGO.-

“Gaia” es el nombre que los griegos daban al dios de la Tierra. La Madre Tierra o Gaia es por lo tanto el mundo donde vivimos y a la que tenemos que cuidar para que podamos seguir existiendo. He conocido el lugar donde habitaron los dioses en tiempos lejanos, y he presentido su presencia y la fuerza que tiene ese lugar. Está situado en las faldas del monte Irago muy cerca de la famosa Cruz de Ferro y su nombre es Foncebadón, una pequeña aldea que guarda un gran secreto.

Lo único que recuerdo es calor y sufrimiento. Al aire le cuesta entrar en los pulmones del esfuerzo por pedalear, la sangré parece que deja de regar los músculos por la intensa subida y cuando parece que no vas a poder llegar y esta todo perdido, ella aparece en un lado del camino. Entre piedras viejas y maderas antiguas te tiende la mano y te invita a entrar en ella. Su interior…oscuro, calido, matriarcal, como la Única que es. Allí, te alimenta, sanas tus heridas, y tomas el descanso reparador…allí en un rincón olvidado, cerca de donde habitaron los dioses la encontré…encontré a “La Gaia”.

BUEN CAMINO a todos.

 

2ª Parte.- La Gaia (de Villalón de Campos a Cacabelos)

 

Villalón de Campos – Puente Villarente.- (día 16 de agosto)

 

Salimos de Villalón de Campos a eso de las 7.00 horas despidiéndonos de nuestro nuevo amigo “El Lejía” con dirección a Santervás de Campos, último municipio de la provincia de Valladolid. Todavía en esta zona, los caminos son rectos y largos sobre todo muy largos, pedalada tras pedalada, vemos pasar los kilómetros que van  haciendo Camino, como diría aquel y que gracias a Dios nos van acercando a nuestro próximo destino.

 

Antes de entrar en el municipio de Santervás de Campos, ya sabemos que nos aproximábamos a él gracias a la silueta de su imponente iglesia, que ha sido objeto de portada de revista y de póster turísticos en más de una ocasión.

Esta obre de arte mudejar – castellano, esta dedicada a los santos S.Gervasio y Protasio y es del siglo XII.

Recuerdo que para que nos pusieran el sello en la credencial nos acercamos al albergue del peregrino, el cual constaba de dos plantas y estaba en perfectas condiciones, tanto de uso como de equipaciones. (Cabe destacar  las mantas que perfectamente dobladas en las camas había, y que eran no eran otras, que aquellas que muchos de nosotros habíamos visto en más de una ocasión cuando hicimos la “mili”…marrones con un par de líneas beige clarito y que con solo verlas ya te empezaba a picar todo de los ásperas que eran….pero mira que han salido buenas las jodias…siguen existiendo.)

Dejando  atrás  a Santervás, no os podéis hacer una idea la ilusión que nos hizo pasar el cartel que delimitaba la provincia de Valladolid con la de León. Recuerdo que debia ser mediodía  y que el sol ya calentaba de lo lindo. Estábamos a la altura de Arenillas de Valderaduey por la carretera de Mallorga a Sahagún  ya que nos habíamos desviado por que queríamos pasar por un pequeño pueblo en concreto y cuando nos quisimos dar cuenta la bicicleta estaba en León y el carro en Valladolid.

Supongo que fue casualidad, pero cuando nos detuvimos para realizar la foto de rigor, nos dimos cuenta que justo enfrente del cartel del limite de provincias, al otro lado de la carretera, había un camino de los cuales denominados “de entre fincas” y que curiosamente se adentraba entre los campos de labor con dirección a una chopera o a una alameda.

Tanto mi compañera Itxu como yo lo supimos desde el primer momento…camino rural…chopos…sombra…río…agua…al agua patos.

Nos adentramos por el camino no más de doscientos metros y os podemos asegurar que para nosotros fue como descubrir el paraíso.

En medio de chopos, álamos y unas orillas tapizadas de verde, allí nos estaba esperando el río Cea. Recuerdo que lo primero que hicimos fue quitarnos las botas de montar y los calcetines y meter los pies a remojo, para después contemplar aquel “oasis”.

Desde luego era un buen comienzo para adentrarnos en tierras leonesas.

 

Dejando atrás nuestro pequeño “Paraiso” y no se si por la curiosidad o por las ganas de llegar en algún momento a tierras gallegas, nos habíamos desviamos para pasar por un pequeño pueblecito, Galleguillos de Campos. Pertenece a la provincia ya de León y es como cualquier otro de la zona pero con la particularidad y según la información que disponíamos, que fue fundado por personas que vinieron de tierras gallegas y que através del Camino de Santiago, fueron teniendo relaciones comerciales con estas tierras, de ahí su nombre… Galleguillos de Campos.

Por fin llegamos a unos de los enclaves más importantes de nuestro camino y de nuestra aventura, estamos casi en el ecuador de nuestro recorrido y llegamos la localidad leonesa de Sahagún. Para que os hagáis una idea, este enclave es don de se une el Camino de Santiago de Madrid con el Camino de Santiago denominado Frances. Para nosotros es un logro importantísimo el haber llegado desde Pinto hasta este enclave tan característico en el peregrinaje a Santiago.

Como decía Itxu…”si hemos llegado al Camino Frances, ahora seguro que llegamos a Santiago”…

Uno de los primeros sitios que vimos en Sahagún fue el Santuario de la Peregrina del siglo XIII. Aunque solo lo pudimos ver por fuera, ya que están realizando a la edificación una importante rehabilitación, el santuario es impresionante.

Sahagún es una localidad en la que se podría estar todo un día entero viendo sus monumentos y su historia, pero como os podéis imaginar, cuando la ciudad te pilla de paso, es poco el tiempo que dispones para visitarla.

 

Otro de los lugares de “gran” interés, que visitamos, está al lado del ayuntamiento de Sahagún en donde nos sellaron la credencial esta vez. Una pequeña tienda de embutidos leoneses donde compramos provisiones para el almuerzo y donde a más de uno se nos callo alguna que otra lagrima al abandonar las cecinas, quesos, lomos, botillos, morcillas, …hay que pena penita pena.

 

Acongojados por la pena y deseando que llegue la hora de comer, nos alejamos de la ciudad de Sahagún. El camino la verdad es que es un autentico placer ya que  es un camino llano, paralelo a una carretera con poco trafico y balizado por árboles que se pierden en el horizonte, estamos en la Calzada del Coto.

Este camino nos llevará desde Sahagún hasta Puente de Villarente, localidad donde tenemos prevista la estancia en el albergue de peregrinos.

 

Los kilómetros van pasando y las horas de más calor las tenemos encima, con lo cual decidimos pararnos a comer en el pueblo del Burgo Ranero, habiendo dejado pasar otro pueblo con renombre en el camino, Bercianos del Real Camino.

 

Llegamos al Burgo a eso de las 15.00 horas y con casi 38 grados, teniendo las viandas encima, lo único que nos faltaba era un par de litros fresquitos de nuestro ya inseparable Tintito de Verano. No recuerdo bien el nombre de la tienda de comestibles donde compramos las bebidas, pero lo que si recuerdo es que tenía a la puerta una especie de jardines de verde, los cuales hicieron las veces de mesa, mantel, y catre para después de la comida.

 

Del bendito momento de la comida, solo recuerdo una cosa, un pan candeal de casi 30 cm de diámetro, lleno de cecina y de queso curado de cabra de las montañas leonesas… ¿qué se puede contar del pecado?…nostra culpa…mejor que contar el pecado, es mejor verlo…no nos arrepentimos de nada…aleluya.

 

Después de la comida, un par de cafetitos con hielo para despejarnos y de vuelta a dar pedales. Ya no nos queda nada pero aún así, hay que continuar. El camino sigue siendo una carretera asfaltada acompañada siempre por el mismo camino de tierra y una hilera interminable de árboles jóvenes. Los pueblos se van sucediendo al ritmo de las pedaladas y del calor estival, Villamarco, Reliegos, Mansillas de las Mulas, Mansilla Mayor, Villamoros de Mansilla, unas poblaciones las atravesamos y otras las vamos dejando a un lado.

Llegamos a nuestro destino, entremos a la localidad de PuenteVillarente con más calor que cansancio, atravesando el río Porma por encima de un puente…supongo que de ahí el nombre del pueblo.

La verdad que es una gozada, pues las riveras del río  están acondicionadas para ser utilizadas como playas naturales cubiertas de verde. Ni que decir tiene que acabamos bañándonos en las aguas del Porma.

Nada mas pasar el puente, justo a la entrada de la localidad, hay un hostal de carretera en el cual paramos para tomar algo fresco y decidir donde íbamos a dormir esa noche.

Hablando con la persona que nos atendía, nos preguntó que si íbamos buscando albergue de peregrinos para pasar la noche. Nosotros la dijimos que si, y nos contó, que aunque ellos eran un hostal de carretera, en una zona cercana tenían un albergue del peregrino para aquellas personas que recorrían el camino.

 

El pago por pasar la noche era de 5€ por persona y la verdad que el albergue no estaba nada mal. Constaba de dos zonas de literas separadas con baños independientes, uno para cada zona. Un patio con una zona cubierta, en el cual se podía preparar la comida, lavar la ropa tenderla, etc.

Por supuesto nos quedamos en dicho albergue, teniendo como vecinos, a un padre y un hijo de Irún, dos señoras inglesas y un chico, que no se muy bien de donde venia.

 

Nosotros sacamos todos nuestros trastos, nos duchamos y cambiamos de ropa, nos preparamos las cena, y después de reponer fuerzas y de tomarnos un té a la luz de la luna, decidimos que ni literas, ni habitación, lo mejor y para no molestar a nadie, tiramos los sacos debajo de la zona cubierta, nos lavamos la boca y a dormir mirando las estrellas.

Supongo que alguno de vosotros habréis hecho vivac (dormir al aire libre sin tienda de campaña, solamente metidos en el saco) alguna vez, pero por si no lo habéis hecho, os lo recomiendo, pues la sensación de “apagar la luz” y solamente ver un “Campo Estelar” es inimaginable.

“…Itxu estas despierta…..……..supongo que ya no……..buenas noches de todos modos que descanses.”.

 

Puente Villarente – Astorga.- (día 17 de agosto)

 

La mañana, para algunos, comenzó a eso de las 4.00, ya que los peregrinos que van pie suelen levantarse  a esa hora para salir al camino a eso de las 5.00 o 5.30 horas. Nosotros como buenos “bicigrinos” nos levantamos a las 6.00, para que entre que te aseas, preparas el desayuno y recoges puedas estar en el camino a eso de las 7.00 ó 7.30 horas.

 

La ruta prevista para el día era de unos 70 kilómetros, Puente Villarente  – Astorga, y teniendo en cuenta las localidades por las que íbamos a pasar, seguro que nos saldrían algunos más.

 

Cuando llegamos a Puente Villarente, recuerdo que hable por teléfono con el “Tío Santa” y estuvimos comentando que  las bicicletas muy bien, que nosotros bien tambien y que el viaje era una maravilla, etc., las cosas que sueles comentar cuando hablas con un amiguete estando de viaje. Recuerdo que comentamos que no habíamos pinchado ni una sola vez y que después del “porrón” de kilómetros que llevábamos nos parecía alucinante…

¿Sabéis eso de… “no quieres una taza…pues toma dos”… Estábamos saliendo de Punte Villarente dirección León, se me viene a  la memoria una subida que creo recordar se dividía en dos o tres tramos, estábamos entrando a un pueblecito llamado Arcahueja, el cual bien se le podía considerar un barrio de las afueras de León, cuando la rueda trasera de la bicicleta de Itxu empieza a hacer ese ruido inconfundible a hueco…para que se me habría ocurrido decir a Santa que no habíamos pinchado todavía…

El la Plaza del Peregrino, de Arcahueja , la verdad que el nombre de la plaza nos venia al pelo, tuvimos nuestro primer pinchazo con casi 400 kilómetros en las ruedas, nunca mejor dicho.

 

Para nosotros, la llegada a cualquier pueblo o capital de provincia era un triunfo.

La llegada a Cercedilla fue un reto, la de Segovia fue emocionante, y la entrada a León fue…la leche.

Recuerdo que lo primero que quería hacer era que nos sellaran la credencial en la catedral y que Itxu viera las vidrieras góticas de la misma, pues son una autentica pasada. Fue Itxu la que entró a la catedral y yo me quede cuidando las bicicletas. En aquel momento, y aún ahora, me sigue pareciendo una hazaña que hubiéramos sido capaces de venirnos desde Pinto hasta León con nuestras bicicletas.

Sé que hay otras personas que lo han hecho, y que se han dado la vuelta al mundo en bici, pero para mi, para nosotros, ha sido nuestro logro particular y del cual estábamos y estamos orgullosos.

 

Sin lugar a dudas y después de hacernos las fotos delante de la catedral, en León hay otro sitio de casi obligada visita, la plaza de San Marcos con la consabida foto en la entrada del parador de San Marcos, yo me hubiera tomado muy a gusto un cafetito en el parador, pero entre que no podíamos pasar las bicicletas y que no llevábamos una indumentaria consecuente con el lugar, optamos por tomárnoslo en una terraza de las calles adyacentes a la plaza.

Después y como no podía ser de otra manera, hicimos acopio de provisiones en un mercadillo de puestos ambulantes, donde una de las mayores estrellas era de nuevo, el morcón, el lomo, la morcilla curada y por supuesto la cecina, ya fuera de vaca o de caballo.

 

Llegamos a Astorga a eso de las 16.00 horas (os recuerdo eso de… “no quieres una taza…toma dos…”) y para colmo volvemos a pinchar, esta vez yo, los dos únicos pinchazo que tuvimos en todo el Camino de Santiago. Menos mal que fue la rueda del carro, pero aún así, entre la hartura de dar pedales y que no avisamos comido todavía, no estaba yo para estar dando vueltas por las calles buscando albergue.

Itxu se fue a buscar la piscina municipal para darnos un chapuzón, resultando que la piscina estaba en el otro lado de la ciudad, por lo cual me negué en rotundo a moverme de donde estábamos, y decidimos echar mano a técnica y a los buscadores de los móviles, para que nos encontrará un sitio para poder descansar y pasar la noche en la ciudad.

No os quiero decir lo que soltó mi compañera por la boca, después que se fue a buscar la piscina y la dije que no me apetecía  moverme de donde estábamos. (En ese momento, al borde de una avenida, arreglando la rueda pinchada y con un calor y un apetito capaz de comerme cualquier cosa.

 

Jooooooder…el hotel que nos busco la técnologia…cutre…cutre…cutre, y eso que de nombre no estaba mal, pero me “cachis en la mar”…CUTRE.

No voy a dar nombres, para que no digan, pero solo comentare que el nombre del hostal tiene relación con las tierras a donde nos dirigíamos…con eso basta.

 

El precio…una pasta.

Los pasillos como en un hotel de los años 60…con lo cual la moqueta también…

Las cortinas de las bañeras…de las mejores para la recolección de moho, e inclusive champiñones.

Los rollos de papel higiénico por triplicado…eso si, todos empezados.

Los colchones no quisimos ni mirar…

Por lo menos las sabanas parecían limpias, y eso si…lo mejor, las jarras de tinto de verano, al mismo precio que una simple caña de cerveza.

 

La comida la hicimos directamente en la habitación del hotel con las viandas compradas en el mercadillo de León, teniendo cuidado de que no se cayera nada al suelo, ya que estábamos seguros que si algo se caía a la moqueta, aunque no fuera comida, desaparecería de nuestra vista a lomos de una ingente avalancha de ácaros, los cuales lo esconderían en lo mas recóndito de sus madrigueras “moquetiles”.

 

La tarde aprovechamos para darnos una vuelta por la ciudad y podernos deleitar con la catedral de Astorga y con el Palacio de Gaudi, y el final de la misma, pasó rápido entre tinto y tinto de verano y el picoteo de la cena, dando la bienvenida a la noche, la cual pasó deprisa ya que teníamos que estar descansados para lo que nos esperaba al día siguiente.

 

Antes de dormir y sin decir nada a Itxu, recé un par de “Padres Nuestros” para que tuviéramos nuestras bicicletas en el mismo sitio donde las había guardado, ya que era como un medio taller de motos y garaje en construcción perteneciente al hostal, y en el cual aun estando bajo llave, tuve que poner los candados “por si acaso”  según me dijo la persona encargada del mismo.

 

 

Astorga – Cacabelos.- (día 18 de agosto)

 

Salimos de Astorga casi de noche, no sé si serian cerca de las 6.00 ó 6.30 de la mañana, cuando nos pusimos a dar pedales, pues la ruta era de las más duras que nos esperaban en el Camino.

La primera parada que hicimos fue en el bonito pueblo maragato de Castrillo de Polvazares. Para los que no lo conozcáis y para que os hagáis una idea, os diré que es como Patones de Arriba, pero completamente rehabilitado.

A estas horas de la mañana, nuestra única compañía fue un perro mastín que tumbado en la mitad de una de las calles, nos miraba como diciendo… “donde irán estos dos a estas horas”… y que cuando nos fuimos, se seguía relamiendo del par de madalenas que le habíamos dado mientras le acariciábamos.

Este municipio tan singular y famoso por su Cocido Maragato, cuenta con algunos de los mejores restaurantes en esta especialidad, teniendo una lista de espera para comer, de casi un año de antelación.

Santa Catalina de Somoza, El ganso con su famoso mesón CowBoy (donde por cierto me enteré que había perdido el Real Madrid contra el Barsa mientras nos tomábamos un café en una mesa de madera a “banco corrido”, Rabanal del Camino con el precioso albergue de Isabel, son pueblos y gentes que fuimos pasando y que sigo recordando como si fuera ayer mismo.

 

Llevábamos subiendo casi 25 kilómetros  desde Astorga y un poco menos desde Castrillo de Polvazares, la verdad que la subida aunque larga, (pero que muy larga), se hace bien, ya que el firme para subir con bicicleta y carros se hace por una carretera asfaltada de segundo o tercer orden y donde los coches poco más son una ilusión óptica.

En su día, antes de comenzar el Camino, Itxu me comento que si alguna vez lo hacíamos, me tenía una sorpresa guardada, pero con el tiempo transcurrido, todo lo que estábamos viendo y demás, ni me acordaba de sus palabras. Lo cierto que en algún momento dado, desde comenzamos la salida de Astorga, quizás algún día antes, la veía continuamente con los libros de las rutas, los mapas, el GPS, etc. dando vueltas de aquí para allá, pendiente de cuanto subíamos, o por donde íbamos.

 

Durante la subida y como es su costumbre se puso detrás mío y me dejo tirar, subida tras subida, cuesta tras cuesta, kilómetro tras kilómetro fuimos apretando los dientes y cerrando como se suele decir …”el culito” para seguir dando pedales. Quiero que penséis, que aparte del peso de las bicicletas, entre 12 y 14 kilos, llevábamos cada uno un carro que aproximadamente pesaba 20 kilos con carro incluido, y a todo esto el peso propio de cada uno de nosotros. (En mi caso 12 + 20 + 85 y en el de Itxu 14 + 20 +50)

Curiosamente cuanto más arriba estábamos, yo más abajo me encontraba pero Itxu todo lo contrario…se la veía como más…”suelta”.

La verdad que era digno de vernos. Al comienzo de la subida conocimos a dos parejas que los chicos eran catalanes y las chavalas italianas y que habían salido desde León, también había dos o tres parejas más de chavales que nos los fuimos encontrando por el camino y que al comienzo de la subida a la Cruz de Ferro coincidimos. Tengo que reconocer que al principio te sientes un poco plofff, pues te pasan hasta los que van andando. Nos pasaron las italianas, los catalanes, otras dos parejas más, incluso una pareja con un tandeen y que iban como si fueran de paseo.

Hay un dicho entre los que montamos en bicicleta de montaña que es que… “para llegar a la cima de la montaña como un joven, hay que subir como un viejo”…y que razón tiene.

 

Yo os puedo decir que durante la subida, no pasaríamos de 10 kilómetros por hora en ningún momento, pienso que subiríamos entre 7 y 9 kilómetros a la hora y que como prisa no teníamos y viejos no somos pues lo mejor que se podía hacer era dar pedales sin importarnos ni nada ni nadie.

Curiosamente, todos aquellos que nos fueron pasando, nos los íbamos encontrando en la subida a los lados de la carreterilla, unos quitándose ropa, otros bebiendo agua, otros mirando el cambio o los frenos, pero eso si, todos nos miraban y más que a nosotros a los carros.

 

En un momento dado, y casi llegando a la parte alta, a Itxu se le ilumino la cara y me dijo que mirara a mi izquierda, y entonces lo ví…estábamos en el pueblo leones de Foncebadón, en las faldas del monte Irago, donde en otros tiempos habitaron los dioses antiguos.

En ese lugar perdido de la mano de Dios estaba la aldea Celta o Cantabra más bonita que recuerdo, y por su puesto…la Gaia, la Taberna La Gaia.

La Gaia es una taberna situada en un complejo de payozas y casas de piedras, al más puro estilo montañes. Su decoración. Así como todas las personas que la regentan (Una Familia) vestidos como antaño y con los platos típicos de la zona y de épocas pasadas.

 

Entonces me di cuenta, cual era la sorpresa que mi compañera me quería dar. Había merecido la pena, el esfuerzo y las penurias de la subida. Ha sido y será, el mejor tercio de cerveza que me he tomado con mi compañera Itxu desde que la conocí.

(No recuerdo si en algún momento la di las gracias por ese detalle, pero como nunca es tarde cuando la dicha es buena, muchas gracias Itxu por ese momento, por tu compañía y por haberme dejado ser tu compañero de aventuras en este nuestro Camino de Santiago…bueno dejemos de recordar momentos pues para ponernos “ñoños”, los hemos tenido a montones, y ya os los iré contando.)

 

 

 

 

 

Después del merecido “tercio”, nuestra siguiente parada fue la sublime, la ínclita, la altiva Cruz de Ferro. Según nos contó el regente de la Taberna Gaia, la tradición de dejar una piedra al lado de la cruz, no era de muy antiguo.

Nos contó que la zona donde esta situada la cruz, es decir en la parte alta del monte Irago, era un lugar donde las energías telúricas eran notadas desde la antigüedad tanto por druidas, , y de ahí que se dijera que era el lugar donde habitaban los dioses, en concreto Gaia, la diosa de la Tierra o la diosa Tierra. Probablemente en la antigüedad, en vez de una cruz habría habido un dolmen, o un círculo de menhires, los cuales podrían tener relación con la costumbre de dejar una piedra al paso por la cruz.

Si me preguntaran que color pondría a los sitios por los cuales hemos pasado lo tendría claro…Castilla color amarillo, amarillo por su tierra, por su agricultura, por su sol, Galicia color verde, verde por su vegetación, por su clima, por su mar, y León color rojo, rojo por tierras rojizas, rojo por su carnes y sus embutidos y rojo también por las cruces templarías que conviven con nosotros en la actualidad.

 

Es curioso, como después de dejar la Cruz de Ferro y meternos en una trepidante bajada en la cual hay que tener mucho cuidado con el peso de los carros pues pueden hacer perder el control de la bicicleta, podemos encontrar aldeas como Manjarín que está casi catalogada como el ultimo reducto de los verdaderos templarios.

Indudablemente ni mucho menos es así, pero que en un pueblecito en medio de la nada, en lo alto de las montañas, puedas encontrar desde monedas templarías, a pañuelos, o camisetas y cuchillos ó espadas con el símbolo del temple, y todo esto dirigido por un individuo que bien podría haber salido de una hacienda templaría, es cuanto menos…peculiar.

 

Volvemos a dejar atrás municipios como el bonito pueblo de Acebo,  y su desvío al pueblecito de Compludo, donde existe una antigua herrería que en la actualidad sigue funcionando como antaño.

Está claro que cualquier sitio es bueno para comer cuando se llevan casi 15 kilómetros de bajada teniendo cuidado de que el carro no te vuelque por la velocidad y el peso, cuando hace un calor asfixiante, cuando llevas poco agua y si además de todo esto,  se tiene hambre, y te encuentras en un sitio con agua abundante, un río para bañarte, y un par de tiendas con buenos comestibles y buenas bebidas, es  mucho mejor. Eso quiere decir que has llegado a MolinaSeca.

Molina Seca fue el pueblo en que decidimos parar a comer. Es un pueblo muy agradable con un bonito puente de piedra y sobre todo con un río y con unas orillas de mismo que te invitan al baño y al descanso. Comimos en la orilla después de darnos un buen chapuzón junto a un montón de gente que utiliza dichas orillas como playas naturales. Hay un par de restaurantes pegados a las orillas con mesas y sillas que nada tienen que envidiar a cualquier restaurante de cualquier paseo marítimo de la costa.

 

Después del consabido café con hielo, nos pusimos de vuelta en marcha, y esta vez para ver unas de las localidades templarías por excelencia…Ponferrada.

De Ponferrada solo puedo decir una cosa… ¡quiero un castillo templario como ese para Pinto¡ Pedazo de castillo. Ni que decir tiene que  en esta localidad nos hicimos dos fotos que no podían faltar, una en el puente del castillo y otra junto a la estatua de los caballeros templarios en la Plaza de la Encina.

 

El camino de Ponferrada hasta Cacabelos, se nos hizo eterno, ya que por no ir dando un rodeo nos metimos por una carretera que comunica polígonos industriales  y pueblos que se hace eterna. Cuatro Vientos, Fuentes Nuevas, Camponaraya, son pueblos prácticamente separados por una sola calle ó una avenida que da la sensación  de ser una sola población.

El tráfico, no os lo podéis ni imaginar, pues siendo día de diario y la hora de salir de las empresas, lo único que había era coches y camiones en todo el trayecto.

 

Bueno por fin llegamos a nuestro destino a la localidad  y villa del Bierzo,  Cacabelos.

Cacabelos, es una villa con un encanto especial, tiene un río, el Cúa que tiene una zona de baños maravillosa, la cual no pudimos probar, ya que llegamos bastante tarde y nos interesaba llegar cuanto antes al albergue municipal para conseguir sitio.

El albergue está situado en el Santuario de la Quinta Angustia y es una pasada. Tiene una capacidad para unas 150 personas divididas en camaretas individuales de dos en dos. Las instalaciones de las mejores, pues aparte de las duchas y los aseos, tiene una zona de lavaderos y fregaderos, zona de mesas y bancos, tendederos, e inclusive un vigilante para por la noche.

Por contar una anécdota curiosa…, a la entrada del albergue, te piden los datos y la credencial y por supuesto te preguntan que de dónde eres. Recuerdo que cuando nos lo preguntaron, dijimos que veníamos de Pinto, pusieron una cara como de no saber cuál era la población,…pero…no tuvimos ningún problema… “somos del Pueblo de Alberto Contador, y “coño” se dijeron las palabras mágicas… ah…claro del pueblo de Contador el ciclista…ahora ya sabemos…

Está claro que no hay nada mejor que la fama para abrir puertas, aunque no sea la propia.

 

Hay que decir que después de la paliza del día dando pedales, subidas tras subidas y bajadas tras bajadas, nos hubiéramos quedado un par de días en el albergue, pero  como suele pasar, el camino sigue y nosotros a estas alturas, teníamos que seguir al día siguiente, porque  nos gustara o no, ya formábamos parte de él, de nuestro propio Camino de Santiago.

Buen camino.

“Prensa para hacer vino”

 

Próxima entrega…

3ª Parte.- El campo Estelar (de Cacabelos a Santiago de Compostela)

Después de las presentaciones, salimos rumbo al Poblado de La Gavia la salida se vio alegrada con los vítores de la juventud pinteña.

En el camino nos encontramos con los inconvenientes de las lluvia caída días atrás y con algún pinchazo, que se reparo in situ, brevemente con el cambio correspondiente y se prosiguió la marcha.

Camino llano y bien conservado, aportando sensaciones agradables, dejando al lado la meteorología que estaba haciendo de las suyas con el cambio tan brusco experimentado.

 

La lastima es que al llegar a las proximidades del poblado nos encontramos con el camino cortado y para llegar a contemplar la belleza del poblado hubo que apearse de las  bicis y subir por una pequeña ladera, algo empinada, pero merecía la pena el esfuerzo.

 

 

Algunos disfrutaron la ladera, bajando y alegrando a los demás con su dominio y técnica sobre la bici.

Continuamos camino rumbo al parque del Manzanares donde se disfruto del parque y del paseo paralelo al río, mientras informaban de la próxima salida de Princesa y se colocaban algunos carteles informativos por el camino.

En la vuelta, por el carril bici de Perales del Río, se realizo una parada  de avituallamiento en el

Cerro de los Ángeles, donde nos relajamos, del sofocante calor que nos acompaño durante todo el día; nos despedimos de parte del grupo y continuamos la marcha hacia destino.

 

Se termino en Pinto, se debatió de nuevos proyectos para su realización en próximas jornadas e instándonos para próximas jornadas.

Cada uno para su casa a descansar que nos lo habíamos ganado.

 

Ivan

Estimados amig@s:

 

El sábado 5 de mayo en colaboración con el Ayuntamiento de Pinto, la Asociación SurBike puso en marcha “El Taller de Pan y Chocolate”.

Donde nuestro primer objetivo, fue que los más jóvenes de nuestro municipio aprendieran mediante el juego a elaborar su merienda, a conocer un oficio, las materias primas y sus orígenes.

 

           

 

 

 

 

 

 

 

 

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Al inicio del taller, se nos comunica que está completo y que hay lista de espera. Iniciamos el Taller donde se observa un gran interés y muy buena participación especialmente por parte los adultos.

 

 

 

Amasamos…

Observamos el proceso de fermentación y temperaturas de la masa.

 

Y en lo que se cuece el pan….pasamos al deseado chocolate. Donde los niños mostraron  gran interés y unos deseos incontrolables para comerlo.

 

La espera de cocción de los panes se nos hizo larga, pues estábamos deseosos de conocer los resultados de nuestro trabajo.

 

¡He aquí la muestra….!

 

 

Con una sonrisa nos muestran su satisfacción y agradecimiento al trabajo elaborado y nos solicitan más talleres.

Es curioso que el taller fuera destinado a los más jóvenes y que quiénes han disfrutado sean los adultos.

 

Desde la asociación, agradecer a todos los participantes su interés.

Esperamos poder llevar acabo más actividades.

 

Un saludo

El Equipo de SurBike.

Monte Abantos

 

Muchas ganas que provocan muchos nervios. Se durmió mal la noche de antes pensando en el majestuoso Abantos.

Por la mañana, algunos decidieron ir en coche, pero la mayoría decidió aprovechar la buena comunicación Pinto-El Escorial que ofrece Renfe.

El día se presumía duro, pero al mirar por la ventana se intuían unos nubarrones que no auguraba una jornada de montaña tranquila.

 

Nos reunimos a las 9:45h en la estación de Renfe los 12 valientes (algunas caras nuevas y algún artista invitado). ¿para qué hemos venido?, nos preguntamos. Pues para sufir, así que manos a la obra.

Para llegar al imponente Abanto, había que atravesar El escorial. Para muchos, El Escorial es conocido por su Monasterio, pero para mí, desde ese día, será conocido por una calle. La llaman “la rompecorazones”. Os podéis imaginar que no es por nigún tema amoroso, si no por cómo te deja la patata cuando consigues llegar arriba.

En plena ascensión, unos amables policías locales nos detuvieron para ver si nos estábamos riendo de ellos o simplemente éramos imbéciles, pues tras haber visto el coche patrulla, decidimos continuar por una calle prohibida durantela ascensión. Trasarreglar las cosas amablemente, conseguimos llegar a los pies de nuestro amigo Abantos.

 

La ascensión por la vía forestal se hizo bastante progresiva y “cómoda” (todo lo cómoda que puede ser en este tipo de puertos). En este punto ya estábamos distanciados en varios grupos. Cada uno a su ritmo, al “tran tran” o al “empujing”.

Cuando llegamos al Malagón, comenzó a nevar…¡¡¡a nevar!!!. Frio no, lo siguiente. De ahí hasta llegar a la cima: viento, frío, nieve, “se te cae la vela”, “quién me manda a mí venir aquí” y un sinfín de penurias, pero por contra, paisaje increíble y la satisfacción de haber conseguido el reto.

Tras las fotos de rigor, decidimos cambiar el camino de descenso, por aquello de no saltar a una propiedad privada (Valle de los Caídos). Cosa que nunca hacemos los ciclistas (ejem, ejem).

Preguntando, nos recomendaron 3 posibilidades: camino recto, camino molón pero sin complicaciones y camino hardcore. Porla calle Enmedio, es decir, el molón sin complicaciones. Algunos lo disfrutaron bajando, otros paseando, pero casi sin darnos cuenta ya estábamos abajo otra vez. Ruta terminada. Bueno, casi terminada, porque aún faltaba el avituallamiento líquido de rigor.

 

Tras finalizar, cada uno para su casa y tan amigos. Tocaba descansar el resto del día.

La ruta, preciosa. Repetiremos  seguro.

José M. Manzanero.

Estimados amigos, esta vez la reseña de la ruta la ha realizado Pablo de  Casus Iter (<- pinchar en el enlace para ir a su página) Como podéis ver, la ruta una pasada, llena de aventura y de unos paisajes maravillosos. Aquí la teneis… http://www.casusiter.blogspot.com/2012/03/via-verde-mostoles-almorox.html Un saludo y esperamos que os guste. Asociación SURBIKE Y ahora…más fotos.      

     

De “rotundo éxito” ha catalogado la asociación SURBIKE organizadora de la marcha denominada “Alberto Somos Todos” que se celebró este pasado domingo día 12 de febrero, en apoyo al ciclista pinteño Alberto Contador Velasco.

Con la participación de 2.000 personas, la marcha se desarrolló por las calles del municipio de Pinto, congregando tanto a ciclistas de todas partes de la península como a vecinos y simpatizantes del ciclista de dicha localidad.

Manu Sopeña presidente de la asociación SURBIKE organizadora de la Marcha “Alberto Somos Todos”, durante la entrevista con  TVE-1.

Participantes de la marcha “Alberto Somos Todos” durante el recorrido de la misma.

La marcha dio por finalizada con las lecturas desde el bacón del consistorio, de diversos comunicados por parte de los responsables de la organización, así como por parte de diversos colaboradores.

Integrantes de SURBIKE con el gerente de E.LECLERC Pintodis, S.L.

Integrantes de SURBIKE con el representante del Grupo de Empresas que realizaron las Caretas de Alebrto Contador

Integrantes de SURBIKE con una representación de www.foromtb.com

“La única de manera que tiene Alberto para hacer callar a las personas que han querido acabar con su carrera deportiva, es seguir ganando títulos y cosechando triunfos para su familia y para todos los pinteños” dijo Manu Sopeña  presidente de la asociación SURBIKE.

Participantes de la marcha “Alberto Somos Todos” a la llegada a la plaza del ayuntamiento de Pinto

“La guinda del pastel”, la puso el propio Alberto Contador con su aparición, desde el propio balcón del ayuntamiento, saludando y agradeciendo a los vecinos y participantes de la marcha las muestras de apoyo y cariño.

D. Alberto Contador Velasco con Manu Sopeña presidente de la asociación SURBIKE

D. Alberto Contador Velasco con integrantes de SURBIKE

Desde Surbike, se han dado las gracias a las diversas entidades colaboradoras como: FIESTA PAPER, IPC FLEXO, ALRAL,S.A., HISPANO TROQUEL, PREIM DEGRADÉ Y AJF IMPRESORES, todas ellas volcadas con la realización del lema y las caretas de Alberto Contador. Al foro ciclista www.foromtb.com por su ayuda en la coordinación y difusión de la marcha. A las tiendas E. LECLERC (PINTODIS, S.L.) y a su gerente D. Laurent Martín por su apoyo e interés, durante toda la organización.

Y por finalizar, dar las gracias al Ayuntamiento de Pinto y muy especialmente a las Concejalías de Deportes y Cultura que han hecho lo posible por ofrecernos todos los medios (4 coches de policía, 1 ambulancia, corte de calles, casa consistorial) para que la marcha “Alberto Somos Todos” haya sido un rotundo éxito.

Grupo de Empresas que realizaron las Caretas de Alberto Contador y lema de la misma.

Asociación Surbike

 

Después del parón vacacional hemos comenzado con una ruta sencilla y muy tranquila que nos ha llevado a ver uno de los “tesoros” cercanos que muy poca gente conoce, el Castillo del Torrejón de Velasco. Salimos como es costumbre, desde nuestro punto de reunión,  la puerta del Hotel Princesa de Éboli donde poco a poco y con más frío que ganas de dar pedales no fuimos reuniendo. Jesús, Raúl, Itxu, Manu, como caras ya conocidas y otras  menos conocidas pero que fueron bienvenidas como nuevos compañeros “bicicleteros”: José Manuel…el hombre serio y sensato, Andrea y Espe…las futboleras y Viky…la atletista. (Hace atletismo, no que sea rojiblanca).

 

Después de las presentaciones nos pusimos en camino en dirección al municipio vecino de Torrejon de Velasco donde teníamos nuestro punto de destino. Parajes como la Cañada Real Galiana (Camino Viejo de Toledo), o el arroyo Guatón, viejos conocidos de todos nosotros, fueron dándonos la bienvenida a este nuevo curso rutero.

 

El puente sobre la R-4, y el puente para el desdoblamiento de las vías del ave  fueron indicadores de que nuestra meta estaba más cerca.

Llegamos a Torrejón de Velasco y para nuestra sorpresa nos encontramos transportados a otras épocas ya pasadas, ya que en la plaza del municipio estaba montado un mercado medieval. Cueros, quesos, jabones, ambrosías y un sin fin de curiosidades estaban emergiendo de los puestos, que a estas horas de la mañana poco a poco iban abriendo.

Pasamos por delante de la iglesia de San Esteban Protomártir y nos encontramos de frente con nuestro punto de destino, el castillo de Torrejon de Velasco.

Aunque bastante deteriorado por el tiempo y gracias a la guerra de la independencia contra los franceses, los cuales lo utilizaron como objetivo en sus practicas con la artillería, se puede apreciar bastante bien toda su estructura.

También nos llevamos una alegría, ya que le están comenzando a restaurar, aunque como ya imaginamos es una tarea ardua y sobre todo muy muy costosa.

De la historia del municipio y de su castillo, no os cuento nada y así para la próxima ruta, el que este interesado, puede venir a escuchar y a ver un pedacito de nuestra historia más cercana.

De nuevo sobre nuestras bicicletas, nos planteamos salir del municipio por el Camino de Esquivias hacia otro punto emblemático de nuestro entorno y punto de reunión de muchos amantes de la bicicleta de montaña, La Fuente de la Teja.

Para sorpresa de todos los amantes de este lugar, vimos que ya está reparada y en perfectas condiciones la fuente, tras el percance ocurrido con un camión, el cual se llevo por medio, la mitad de ella.

Es curioso y triste a la vez, ver que en la mitad del campo, una fuente con historia propia, tenga que estar rodeada de bolardos para protegerla de posibles accidentes contra los vehículos a motor.

Otra de las sorpresas del día fue que nos encontramos con otra compañera de la asociación, Ana, la cual estaba con un grupo de amigas, poniéndose a punto después de las comilonas navideñas.

Desde aquí nos pusimos de nuevo encamino hacia el Cerro de Batallones subiendo a los cerros por uno de los dos caminos que nos llevan a la parte más alta del paraje de la Fuente de la Teja y primeras estribaciones del Valle de las Cuevas.

Para más de uno quedo bien patente, y la subida nos lo recordó, que no pesan los años, sino los kilillos cogidos durante estas fiestas…

Una vez llegados al cerro, nos dirigimos hacia Valdemoro por el hospital y gracias a la pericia de Raúl que vio el hueco propicio en la alambrada pudimos ahórranos una vuelta soberana al municipio vecino.

La cuesta de la “Definitiva”, el Cerro Pelango y el Cerro de la Bruja fueron meros convidados de piedra a nuestro paso para la llegada a Pinto.

 

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