3ª Parte.- El campo Estelar (de Cacabelos a Santiago de Compostela)

Anexo.- Fin del camino (de Santiago a Finisterra)


PROLOGO.-

Siempre me ha gustado ver el cielo en una noche estrellada, mirar ese camino de color blanquecino que esla Vía Lactea, e imaginarme los miles y miles de mundos, de estrellas, de planetas que pudieran existir a la misma vez que nosotros, y que sin duda, nunca llegaremos a conocer. Es impresionante ver miles de estrellas en el silencio de la noche, y pensar que por unos días estás formando parte del Camino, que por un momento, somos parte de una leyenda, y que va guiándonos, pedalada tras pedalada,  a través de ese campo de estrellas, a través de ese campo estelar en nuestra peregrinación a Santiago…a Santiago de Compostela.

(El nombre de Santiago de Compostela se compone de dos partes, Santiago, el apóstol, y Compostela, Campus Stellae, que traducido al castellano quiere decir “campo de estrellas”.)

BUEN CAMINO a todos.

 

Cacabelos – Samos.- (día 19 de agosto)

El reloj sonó a eso de las 6.30 horas y entre que preparamos los carros, nos aseamos y las pocas ganas de madrugar que había, apuramos la salida del albergue hasta la hora limite… las 8.00 de la mañana.

Nada más salir del albergue nos dirigimos a un parque cercano  donde degustamos un magnifico desayuno a base de frutas (piña natural, una sandia, peras y manzanas), el cual nos dio fuerzas hasta poder tomarnos un café con unas tostadas  unos kilómetros más adelante.

 

La verdad que el camino se desarrolla por una carretera prácticamente sin subidas y que animaba a dar pedales para llegar a la localidad leonesa de Villafranca del Bierzo. Itxu ya me había dicho, como antes de llegar a Ponferrada, que Villafranca me iba a gustar, y la verdad que una vez más, acertó con sus premoniciones.

 

 

 

Paseando por sus calles, palabras como Templarios, Reino de León, Medievo, o simplemente tradición o antiguo, van cobrando fuerza y realismo dentro de cada uno.

La iglesia de Santiago, el palacio de Torquemada o el Castillo o Palacio de los Marqueses de Villafranca, siglo XV,  entre todo un abanico de monumentos medievales, te hace revivir en otras épocas, y sobre todo cuando llevas dentro de uno mismo, el espíritu de los antiguos peregrinos templarios, camino de Santiago.

Después de un café y un par de trozos de bizcocho “típico” del bierzo, nos pusimos de marcha de nuevo, y esta vez a sabiendas de que el camino se iba a poner cada vez mas empinado y que nuestra meta más cercana era el pueblo gallego de O`Cebreiro.

Pasado Villafranca, el camino recorre unos parajes extraños, pues junto el verdor y la exuberancia de la vegetación, se mezclan el gris de la piedra antigua y el gris de los grandes viaductos, los cuales pasan por encima de nuestras cabezas, recordándonos de vez en cuando, que la realidad es otra y que cuanto más dure el camino, mejor nos sentiremos.

Pueblos como Pereje, o Trabadelo con su industria de la madera,  nos van dando gota a gota, el sabor de lo rural, de lo casi olvidado, y que después de haberlo visto, lo llevaremos en nuestra memoria para disfrute nuestro y de todas aquellas personas a las que tengamos el placer de contárselo.

 

Llegamos a otro punto emblemático de esta zona, a la entrada de la Vega de Valcarce con los municipios de La Portela de Valcarce, Ambasmestas, Vega de Valcarce, Ruitelan, San Julián, Las Herrerias de Valcarce y Hospital.

En esta parte del camino, el trazado se va haciendo más y más empinado, y a la vez más y más agreste. Las tonalidades de verde, y eso que es uno de los veranos más secos y calurosos, es impresionante.

Desde aquí, solo nos espera una carretera secundaria en magnifico estado, que nos llevará hasta el pueblo de La Laguna.

Llegados a la  altura de la aldea de La Faba y después de estar artos de subir, subir y subir, nos encontramos una bifurcación. Recuerdo que en un momento determinado, cuando estábamos decidiendo si cambiar de camino o no, nos pasó raudo y veloz otro ciclista cargado con un par de alforjas, y desde luego este no iba a subir por la parte empinada.

En esos momentos nos acordamos del dicho ese de ¿dónde va Vicente?…pues para que pensarlo más…detrás del ciclista.

Pueblo más ó pueblo menos y según habíamos visto, todos eran preciosos, y si encima, había ciclistas que nos habrían el camino pues…nos decidimos a cambiar la ruta y adentrarnos e un terreno desconocido pero a la vez mucho más cómodo por lo que se podía apreciar.

 

Comenzamos nuestra “persecución” y aunque se apreciaba la subida, no parecía ser tan abrumadora como por la del camino que íbamos. Ochocientos metros más adelante, ya estábamos en la aldea de la Faba, y casi…casi sin despeinarnos.

La Faba es una aldea pequeña, prácticamente con dos colores predominantes, el verde de la vegetación, y el gris de las piedras. Sus calles son empinadas, pequeñas, llenas de piedras y de vez en cuando con algún que otro paisano que mira con entusiasmo, desde el albergue, la multitud de peregrinos de camino a Santiago.

 

Nada más salir de la aldea, la cuesta empieza a ser más cuesta, el asfalto menos asfalto y las ganas de coger del pescuezo al ciclista que nos paso raudo y veloz se van acrecentando proporcionalmente a la cantidad de piedras sueltas y de todos los tamaños que van apareciendo en medio del camino. En el trayecto de dos kilómetros que separa las dos aldeas de la Faba y la Laguna invertimos casi hora y media. Como por arte de magia, el camino se transformo en una trialera de piedras sueltas, entre las cuales las ruedas de los carros se quedaban encajadas teniendo que arrastrar bicicleta, carro y carga por encima de ellas.

 

Como podéis imaginar, cuando llegamos a La Laguna no nos lo podíamos ni creer. Aún tuvimos que subir un poco más, para podernos imaginar  donde estábamos. Extenuados, sucios de polvos y arañazos, y con más ganas de llorar que de reír, habíamos llegado de desde la iglesia de Santo Domingo de Silos en el municipio de Pinto en Madrid, a las mismas puertas dela cultura Celta. Estábamosen la línea divisoria entre Castilla – León y Galiciala tierra Celtapor excelencia.

 

Nuestro primer gran reto casi está superado, solo nos queda un kilometro y llegamos a El Cebrero (O’Cebreiro en gallego ) es una parroquia del municipio de Piedrafita del Cebrero, en la provincia de Lugo . Pertenece a la Comarca de Los Ancares Lucenses y como particularidad tiene que es el primer pueblo gallego del Camino de Santiago Francés.

En su arquitectura destacan las pallozas, unas autenticas obras de arte y la iglesia de Santa María (prerrománica, del siglo IX), que custodia un cáliz (románico, datado en el siglo XII).

 

Con todo el retraso acumulado no podemos parar más de lo necesario, pues queremos llegar a comer cerca de Sarria y vamos muy pegados de tiempo.

Seguimos y aunque mucho más cómodo de subir, todavía nos quedan unas cuantas rampas. Esta vez y visto lo visto, decidimos continuar porla carretera. Nadamás pasar O`Cebreiro, tenemos un pequeño descanso para las piernas aunque poco nos dura pues acometemos el alto de San Roque con su popular estatua en honor del peregrino. Naturalmente tanto Itxu como yo nos hicimos sendas fotos para el recuerdo, pues aunque la etapa estaba siendo dura, estaba mereciendo la pena.

 

Desde aquí solo nos quedaba que superar una prueba más… Itxu siempre ha sido la persona encargada que mediante los libros de ir guiando la ruta, la cual mediante el GPS la teníamos totalmente controlada. Esta vez la compañera se había guardado un as enla manga. Faltabaun poco más para subir…Teníamos por delantela subida Altodo Poio y que por no aguarme la fiesta se mantuvo hasta el final.

El  puerto aunque no muy largo,4 km. se dejaba sentir. No ya por la dureza, si no porque ya llevábamos más de siete horas dando pedales, con un montón de puertos y rampas en las piernas y tirando cuesta arriba de más de 20 kilos de peso en cada carro.

Solo recuerdo, que a la mitad del puerto Itxu me paso, que unos metros más adelante me era imposible aguantar el ritmo y que doscientos metros del alto del puerto puse pie a tierra y le dieron mucho por allí ala subida. Graciasa Itxu, cambiamos de arcén, pusimos las bicis y los carros en la zona de umbría, y me tire 10 minutos a la sombra bebiendo agua caliente y esperando que se me dejara de montar los músculos para poder llegar arriba y bebernos un par de jarras de tinto de verano.

Para nuestra desdicha, llegamos al Alto do Poio a las 16.30 y por lo tanto ya no había cocina…conclusión bebe, refréscate y a la a continuar hacia Sarria, o por lo menos eso era lo que pretendíamos.

 

Mirando el libro de ruta, decidimos llegar hasta Tricastela, uno de los pueblos más importantes en la bajada desde donde estábamos, y que esta situado a unos15 km. Calculamos que en media hora podríamos estar en él.

Atrás dejamos aldeas y pueblos preciosos, y que aún nos estamos arrepintiendo de no haber podido parar para poderlo admirar como ellos se merecen, Fonfria, Viduedo, Vilar, Fillobal, Pasantes…que bonitos y sobre todo que acogedores, en medio de las montañas, en medio de la nada, y con una representatividad de la tierra de Galicia abrumadora.

Cuando Llegamos a Tricastela, eran las 17.00 horas pasadas. Se nos planteo otro dilema…Si nos quedábamos a comer, se nos iba hacer muy tarde, ya que estando en el Camino Frances, no es como cuando estábamos en el Camino de Madrid. Aquí la hora mas tardía en la que puedes entra en los albergues y encontrar plazas es como máximo las 19.00 horas.

Después de mucho ver y de calcular, decidimos arriesgarnos a continuar bajando, no ya hasta Sarria, si no llegar al municipio de Samos,10 km. más abajo, con su impresionante monasterio convertido, parte de él, en albergue municipal.

Lastres, Freituxe, y San Martino do Real, son otras tres joyas que merece la pena parar y deleitarse. Saboreando  las imágenes y recuerdos de pasado que ellas mismas trasmiten.

 

Después de una última bajada, después de estar subidos en la bici casi once horas y después de arrastrarnos por esos caminos de Díos, a las 18.30 horas, llegamos al albergue municipal de Samos.

Recuerdo que lo primero que hicimos es acocarnos a la recepción del albergue, para ver si teníamos sitio. Casualmente de ciento y pico plazas les quedaban seis plazas, de las cuales, dos nos dieron a nosotros y las otras cuatro se las dieron a dos parejas de ciclistas (dos chicos catalanes y a dos chicas italianas) que ya nos habíamos encontrado subiendo hacia el Alto Do Poio y que les habíamos dejado atrás, ya que ellos si habían parado para descansar kilómetros atrás.

La verdad es que tuvimos suerte, ya que nos dieron dos literas al fondo del albergue, junto a la pared, donde pudimos meter los carros con el equipaje. Las bicicletas las llevamos a un cobertizo, muy bien acondicionado y bajo llave, para que pasaran la noche.

 

 

Empezamos con la rutina típica del peregrino cuando se llega al albergue… abre el equipaje, saca la ropa y los útiles de aseo. Mientras uno se ducha el otro lava la ropa, y mientras el otro se ducha el otro tiende la ropa…eso es así más o menos, ya que cuando uno de los dos compañeros es muy rápido haciendo las cosas o el otro es muy lento aseándose…pues pasa lo que pasa…que normalmente lava la ropa y la tiende siempre el mismos…o sea…la compañera Itxu.

Tengo que reconocer que a mi me gusta ir con tranquilidad, mas aún cuando no puedo ni con mi alma por haber estado dando pedales todo el día, e Itxu, es todo lo contrario…cuanto antes hagamos las cosas antes acabamos y antes nos podemos sentar a descansar.

Después de estas pequeñas diferencias, sin importancia…para algunos, (cada vez que tengo que hacer algo, me lo sigue recordando) pudimos irnos a comer – merendar – y a cenar, todo en uno.

Nos acercamos a un restaurante justo enfrente del albergue, (hay que matizar que antes de salir del albergue preguntamos que hora era límite para volver a entrar ya que a partir de las 23.00 cierran las puertas, para no molestar al resto de peregrinos.)

La cena consintió en:

Ración de Pulpo

Ración de Chipirones

Ración de Pimientos de Padrón

y una Tortilla de Patata.

6 jaras de tinto de verano

2 Cafés

Y un par de copas (cada uno), de las cuales no me acordaba al día siguiente, y por lo tanto mucho menos días después.

 

Gracias a Dios que para volver al albergue, todo era en línea recta. Recuerdo que llegamos, sacamos los cepillos de dientes, y nos fuimos a dormir. Nos habían tocado dos literas continuas de la parte de arriba, adosadas porla cabeza. Subía la litera y no dure ni dos minutos.

Lo que si recuerdo, que a eso de las cuatro de la mañana, ya empezó el movimiento de peregrinos, ya que los que van andando suelen salir de cinco a seis de la mañana.

Miré a la litera de Itxu y estaba vacía…

Me incorpore y la vi metida en el saco, entre los dos carros de la bici durmiendo a pierna suelta. Cuando nos despertamos a eso de las seis y media,  le pregunte el porqué de haber dormido en el suelo, y me dijo que no quiso subir a la litera para no molestar al resto de compañeros. Me la quede mirando, mire el saco en el suelo, mire las literas, mire los carros…y la pregunte… ¿Seguro que habrías podido subirte a la litera según como llegamos ayer después de la cena…?

Itxu me miro, tomo la bolsa de aseo, paso por mi lado y se fue a los aseos…

Itxu, ¿Por qué  te vas a lavar los dientes?, ¿Por qué no me contestas?… Todavía hoy estoy esperando que me conteste… ¿Pues tampoco fue para tanto la pregunta…no?

 

Samos – A Calzada (Lestedo) .- (día 20 de agosto)

Levantarse a las 6.30 es duro…levantarse a las 6.30 y con una mañana nublosa y fría más…pero levantarse a las 6.30, en una mañana fría y nublosa y además con un dolor de cabeza de la leche por causas que desconozco todavía…no os lo podéis ni imaginar.

No vamos a tocar de nuevo el tema de donde se durmió o de cómo se durmió cada uno de nosotros, pues lo realmente importante del día que teníamos ante nosotros, era que por fin llegaba el 7º de Caballería Pinteña.

Durante el día nos íbamos a encontrar con Mila y con Rubén, los cuales, aparte de ser parte de mi familia, son asiduos a todas estas “paranoias cicloturistas” que me da por montar, y que en este ocasión nos dio por montar tanto a Itxu como a mí, para llegar desde Pinto a Santiago.

Para que os hagáis una idea, cuando nosotros salíamos de Samos, Mila y Rubén debían salir de Pinto y según fuera transcurriendo el viaje, iríamos viendo donde nos juntábamos.

Como os digo, la mañana se levanto nublada y medio lloviendo. Después de recoger todo y de tomarnos un par de tostadas con aceite y un café y un Colacao, nos pusimos en marcha.

El monasterio a esas horas de la mañana y entre esa bruma, es digno de verse. Cada vez estoy más convencido, de que con los paisajes, monumentos y demás  maravillas que existen dentro de España, los propios españoles  no tenemos ni idea que existen, para poderlas contemplar y admirar.

 

El paisaje se hace más y más “santiaguero”. Vamos dejando atrás pueblos y aldeas como Foxos, Teiguin ó Aían que perfectamente podían haber inspirado las historias de Dª Emilia Pardo Bazán o D. Camilo José Cela.

Las casas de piedra, los muros anchos llenos de hiedras, musgos y vegetación, nos hacen recordar otros tiempos, otras gentes y otras historias.

Pasado la aldea de Teiguín, dentro del Concello de Carballal y hasta pasada la localidad de Sarria, la vegetación se vuelve cada vez más espesa. Ríos y regatos se van sucediendo a la vez que nos encontramos una serie de pasos  y de “corredeiras” que sirven para enlazar prados, praderas,  huertos y aldeas.

 

La espesura se va alternando con claros y a su vez con caminos, carreteras y alguna que otra subida trialera que hacen nuestras “delicias” a estas horas del camino.

Pedalada tras pedalada, nos aproximamos a la localidad de Sarria perteneciente a la comarca que lleva su mismo nombre en la parte central de Lugo.

Recuerdo que nos tomamos un cafés en un bar al lado de la calle de la Escalinata o de la Escalera, o de los Escalones, pues se la conoce por todos estos nombres. Me acuerdo que el bar estaba en una calle con fuerte pendiente, y que las sillas como las mesa, estaban calzadas de tal manera que cuando nos sentábamos, tanto las personas como, las consumiciones quedaban totalmente horizontal…(Hay que reconocer que cuando se trata de hacer dinero, las personas lo primero que ponemos a trabajar es la mente…)

 

Salimos de Sarria y a poco más de dos kilómetros, nos encontramos con un hermoso castañar. Me gusta pensar en él como el Castañar del Dragón, pues en  lo más hondo del bosque, hay un árbol, un castaño más concretamente, que con un poco de imaginación y una pizca de fantasía, podíamos ver la forma de un Dragón Durmiente, y si entrecierras los ojos, hasta un Trasgo Astur que nos va acompañando todo el camino.

Poco a poco seguimos pasando municipios…Belante, Morgade, Vileiriz, Moimentos, Montrás todos ellos rodeados de esa aura mágica que tienen estas tierras y su cultura Celta.

Por fin estamos ya muy cerca de nuestra parada intermedia, según ha avanzado la mañana, el sol ha ido calentando y las neblinas han ido dando paso a un sol y a unas temperaturas, que siendo coherentes en el mes en el que estamos (agosto), son poco habituales en la zona donde estamos.

Pasamos por la localidad de Vilacha y aunque no lo habíamos visto todavía, lo vamos sintiendo poco a poco. Curva a la derecha, curva a la izquierda y de repente todo lo tenemos enfrente de nosotros. Una de las localidades más características de esta región, Portomarín, y como no podía ser de otra manera, a sus pies, uno de los ríos gallegos más representativos, el río Miño.

 

Son pasadas las 12 de la mañana y después de varias llamadas de teléfono, para saber por dónde vienen los refuerzos, hemos decidido esperarles en esta localidad. Como hacía varias jornadas que veníamos pensando que en el momento que hubiera ocasión  darnos un bañito en alguna que otra charca, decidimos hacer la espera en la piscina municipal de Portomarín, que si bien estaba prácticamente vacía, estaba bien provista de tintos de verano y de buenos tercios bien fríos para hacernos la espera mucho más llevadera.

 

La verdad que en todo lo que llevábamos de camino la gente había sido encantadora y naturalmente aquí no iba a ser de otra manera. Nos dejaron pasar las bicicletas y los carros hasta dentro de la piscina, para que pudiéramos cambiarnos sin ningún problema.

Las prendas que habíamos lavado en Samos la noche anterior, las pusimos a secar al sol en la zona para secar las toallas y los bañadores, y nos fuimos directamente al agua.

Recuerdo que era como si no fuéramos nosotros…metidos en el agua, apoyados en el borde de madera de teka, mirando el río Miño, relajando las piernas y simplemente a la espera de los compañeros de Madrid bebiendo cerveza…si existe la Gloria…esto era lo más parecido.

 

Bueno…bueno…bueno, ya están aquí, Mila, la jefa de logística y el “figura” de Rubén, que aunque en su día no quiso venirse porque según él, el Camino de Santiago desde Madrid era “muy aburrido”  había que aprovechar para acompañar ala “Jefa” y de paso hacer las dos últimas etapas…más o menos.

Besos, abrazos, risas y sobre todo muchas ganas de contar y que nos contaran. Hacia 10 días que habíamos partido desde la Iglesia de Santo Domingo en el parque del Egido en Pinto, y a nosotros nos parecía que llevábamos semanas y semanas de aventura recorriendo este “gran” camino.

 

Después de hablar unos y otros, decidimos irnos a comer, ya que aunque nos íbamos a quitar gran parte del peso de los carros, todavía nos quedaban veintitantos kilómetros para llegar a Palas del Rei, el final de esta penúltima etapa del Camino hasta Santiago.

Entre comer en condiciones, por primera vez en compañía, vaciar los carros de las cosas que podíamos meter en el coche de apoyo, y sacar las fotos oportunas, salimos más tarde de la cuenta, con lo cual, eso iba a significar, que o bien le íbamos a dar “zapatilla” para llegar antes, o que si se nos hacía muy tarde, nos tendríamos que buscar un albergue en el cual cupiéramos todos…dos peregrinos y dos acompañantes antes de llegar a Palas del Rei.

Naturalmente, para Rubén, esta ruta era algo distinta a lo que él esperaba.

El camino desde Portomarín a Palas del Rei, es prácticamente por carretera, aunque para ir pasando por los pueblos, el camino entra y sale de estos, cada vez que se va acercando a una población.

Gonzar, Castromaior, Ventas de Narón, Ligonde, Portos, son nuevamente nombres que llevamos en nuestra memoria, rodeados de olores, colores, y con Rubén el nuevo compañero,…risas muchas risas.

La carretera, una vez que te metes entre estas maravillosas aldeas, se va convirtiendo en suaves llanos, cortas y pronunciadas bajadas e inevitablemente, cortas y pronunciadas subidas, las cuales si no cambias a tiempo…pasa lo que pasa….

 

Habíamos quedado con Mila en Palas del Rei, y prácticamente ya estábamos muy cerca. Habíamos pasado por Portos y estaríamos como a  unos6 km. cuando pasamos por A Calzada, una especie de pedanía entre Portos y Lestedo. Encontramos un albergue para peregrinos, que aunque sin ser municipal, era una autentica “pocholada”.

Llamamos a Mila, que ya estaba esperándonos en Palas de Rei y la dimos las indicaciones oportunas para que se viniera al albergue. No penséis que es fácil, indicar a un coche que venga desde un municipio a otro, y más cuando ese otro es una pedanía pequeñita, entre dos aldeas casi perdidas (gracias a Díos) en medio de Lugo.

El albergue constaba de varias edificaciones. La principal que contenía la cocina – bar – comedor – cantina, en otro edificio, los dormitorios  con 10 literas, dos baños, y zona de estar, y fuera aparte, un cobertizo para guardar las bicicletas, y  mucho terreno para jardín y huerto, y como no en todo el centro, un típico hórreo gallego.

Bueno pues con todo esto, el pasar la noche por persona fueron 10€ por persona, fueras o no fueras peregrino.

 

Después de desmontar todo y meter los bultos en la zona de dormitorio, nos pasamos a la cantina – comedor, donde un buen pote de caldo gallego y unos huevos fritos con muchas…y cuando digo muchas eran muchas patatas fritas, terminaron por quitarnos el cansancio y las prisas del día que para nosotros terminaba.

Apagamos las luces, lo único que podíamos oír era la lluvia que repicaba en el jardín y en las tejas del tejado. Sabia que al día siguiente teníamos que acometer la última etapa, nos esperaban los últimos70 kmpara llegar a nuestro destino, y no se muy bien como decirlo pero me encontraba “raro” , tenia unas ganas tremendas de que comenzara el día siguiente, pero a la vez quería detener el tiempo y poder seguir saboreando esta maravillosa aventura que estaba viviendo.

Me empecé a quedar dormido, y seguía escuchando las gotas al caer…me gustaba ese ronroneo…me quede dormido tatareando muy por lo bajito una canción de Luarna Lubre, un grupo gallego de música folk… ¿cómo se llamaba la canción?…no sé…no…logro acordarme… pero creo que era algo así como… “CHOVE EN SANTIAGO”.

Chove en Santiago
meu doce amor
camelia branca do ar
brila entebrecida ao sol.

Chove en Santiago
na noite escura.
Herbas de prata e sono
cobren a valeira lúa.

Olla a choiva pola rúa
laio de pedra e cristal.
Olla no vento esvaido
soma e cinza do teu mar.

Soma e cinza do teu mar
Santiago, lonxe do sol;
agoa da mañan anterga
trema no meu corazón.

Luarna Lubre

 

A Calzada (Lastedo) – Santiago de Compostela.- (día 21 de agosto)

Es despertador sonó a eso de las 6.00 de la mañana, pues aunque  dejamos preparadas las cosas la noche anterior, teníamos que tener cuidado en no despertar a los compañeros de “logística” (Mila y Rubén), ya que ellos no hacia falta que se levantaran tan pronto. No se si era por el día que era, ó tal vez, por que esto se estaba acabando, pero el amanecer se levantó como mi estado de animo. Recuerdo que estaba amaneciendo, y caía una lluvia fina. El aire embriagaba  a hierba cortada y a tierra mojada. Todo estaba empapado y menos mal que las bicicletas y los carros los habíamos dejado en el cobertizo la noche anterior.

Realmente no podíamos pedir un mejor día para llegar al corazón de Galicia y del Camino de Santiago, ni para llegar al centro de todo lo que significa para algunos de nosotros el mundo celta.

Durante diez días, no nos había caído ni una sola gota de agua en todo “El Camino” y ahora que habíamos llegado a las puertas de Santiago, no creo que hubiera mejor tiempo para el final de nuestra aventura.

Cuando salimos del albergue nadie estaba despierto, salvo Mila que nos dijo que tuviéramos cuidado.

Nos pusimos a dar pedales en dirección a Lestedo, ya que como recordareis, la idea era haber pasado noche en Palas de Rei.

 

El camino por entre estos pueblos y aldeas es maravilloso, siempre rodeado de árboles, prados, zonas umbrosas y por supuesto la edificación típica…los hórreos, nos van recordando la tierra donde estamos.

Rosario, Palas de Rei, Carballal, Camiño, son poblaciones, entre otras, que vamos pasando.

El camino por todas estas poblaciones tiene una ventaja, la cual consiste que puedes atravesar el pueblo o la aldea, ó si quieres, bordearlo porla carretera. Nosotrosdependiendo de la localidad, íbamos atravesando o bordeando, pues cada lugar tiene un encanto diferente.

Seis kilómetros antes de Melide, pasamos el límite de las provincias de Lugo y A Coruña, entramos en el radio de los últimos50 Km., estamos en la influencia de poblaciones como Melide, Boente, ó Arzua, en la cual aprovechamos para poner uno de los últimos seños en nuestra credencial, y aprovechamos para tomarnos algo caliente, pues llevamos casi todo el trayecto bajo la fina lluvia.

 

 

Poco a poco nos vamos acercando a nuestro destino final. Pasado salceda ya vamos viendo que las aldeas más que aldeas se van convirtiendo casi, casi en barrios del propio Santiago. O`Empalme, O`Pedrouzo  y como no…San Payo, el barrio cercano al aeropuerto de Santiago de Compostela.

Es obligado, antes de entrar a San Payo, parar para hacerse la foto con el escudo en piedra de la ciudad, pegado a la A-54.

Es curioso, pero según vamos acercándonos a Santiago, el tiempo va mejorando y se van alternando los claros con las nubes.

 

Ya está cercana la hora de comer, y pensamos que en vez de parar a comer en el propio Santiago, era mejor que comiéramos antes de entrar en la capital, ya que habría menos gente, y sobre todo nos seria mucho más económico.  Al llegar a san Payo, encontramos un restaurante pequeño pero a la vez con todo el encanto del camino. Poca gente, muy bien de precio y sobre todo tranquilo y a tan solo12 Km. del centro de Santiago.

 

Nos pusimos en contacto con Mila y Rubén, y quedamos para comer con ellos en este escondido rincón de Santiago. Realmente no me acuerdo muy bien de lo que comimos, pues la realidad, es que yo llevaba un nudo en el estomago durante toda la jornada…

Si recuerdo que nos tomamos un par de tintos de verano cada uno y que la comida era casera.

Postre, café…otro café…y ya no se pudo retrasar más…

 

Estoy completamente seguro que ve vais a entender cuando os digo que  para mí estos últimos12 Km. iban a ser los más duros de todo el Camino de Santiago. Ni había grandes subidas, ni había caminos en malas condiciones, y ni siquiera el tiempo era malo, pues hacia tiempo que había dejado de llover, y aunque el día estaba gris la temperatura era ideal, pero cada vez que daba una pedalada hacia delante, mi mente y mi corazón querían dar dos o tres pedaladas hacia atrás…

 

Me cuesta escribir, pues aunque casi ha pasado un año, sigo recordando kilómetro a kilómetro lo que sentía en esos momentos. La Rúa de San Marcos que nos llevaba al Alto do Gozo, donde creo recordar, que prácticamente no nos dijimos nada Itxu y yo, pues en esos momentos la procesión iba por dentro.

Recuerdo que paramos en la bajada del Alto do Gozo, Rúa do Gozo, donde había una especie de museo con piedras talladas en formas de animales y motivos Galegos.

 

Os podéis imaginar como fue la entrada al casco urbano de Santiago de Compostela…desde que habíamos pasado por el Alto do Gozo, no me había quitado las gafas de sol aunque el día completamente cubierto. Las avenidas y las glorietas iban pasando hasta que llegamos a una gran plazoleta, donde un gran cartel donde pone Santiago, da la bienvenida a todos los que llegamos a esta ciudad.

Por narices tuvimos que parar para hacernosla foto. Estábamosa un paso de conseguir nuestro objetivo, pero había algo en el ambiente, que nos decía que esta parada, que todas las paradas que habíamos hecho durante el día de hoy, no eran como la de los días anteriores.

Sabíamos que lo mejor y lo peor estaba por llegar, y después de la foto de rigor, dar unas vueltas por aquí y por allá (no queriendo llegar a nuestro destino) nos dispusimos a enfilar el tramo final.

Los carros prácticamente vacíos, ya que todo lo teníamos en el coche de apoyo, y lastraban como nunca. Cada adoquín de las calles de Santiago del casco antiguo se nos hacían escalones, y sobre todo los cometarios de las personas que nos veían pasar (en la parte de atrás de las bicicletas llevábamos una especie de “matricula” donde ponía el  nombre de la asociación y…De Pinto a Santiago…706 Km.)…¡Vamos peregrinos que ya habéis llegado!, ¡Ánimo que ya no os queda nada!, ¡Mira vienen desde Pinto!…nos iban llenando los sentidos y nos íbamos dando más cuenta donde estábamos.

 

Paramos en una escalera antes de entrar en la gran plaza, no recuerdo el motivo…una foto, tomar un respiro, o simplemente para tragar el nudo en la garganta que llevábamos durante gran parte del día, y dimos la última pedalada.

 

Después de diez días, ochocientos seis kilómetros, mas de un centenar de pueblos y un montón de ilusiones, sentimientos, olores, imágenes y sobre todo como diría el gran poeta urbano,  Sabina,…mucha…mucha…aventura (que no… POLICÍA) entramos enla gran Plazadel Obradoiro en Santiago de Compostela.

 

Eran las 18.00 horas del domingo 21 de agosto de 2011, dejamos las bicicletas, me quite los guantes y abrace a mi compañera de viaje, nos dimos un beso y la dije al oído todo lo alto que me permitía el nudo en la garganta “Lo hemos conseguido Itxu, hemos hecho el Camino de Santiago desde Pinto”.

Pasaron unos instantes hasta que nos dimos cuenta que Mila y Rubén nos estaban esperando también enla plaza. Másbesos, más abrazos, mas enhorabuenas…, pienso que tuvieron que pensar que nos había dado un “pasmo” a los dos, pues estábamos como fuera de lugar totalmente.

Yo miraba sin ver, oía sin escuchar, y pensaba sin saber, pues en ese momento, para mi solo había una pregunta después de esta gran aventura… ¿Y ahora qué?

 

 

 

Anexo.-

Fin del Camino.- De Santiago de Compostela a Finisterra. (Día 22 de agosto)

 

Después de que nos fuéramos a presentar la credencial y a recoger nuestra Compostelana, nos fuimos a tomar nuestro ya consumado “tinto de verano” a una cafetería detrás del la plaza del Obradoiro. Nos sentamos y comenzamos a pensar que íbamos a hacer, ¿Dormíamos en Santiago mismo? ó ¿dormíamos en las afueras? ya que pensábamos pasar dos o tres días haciendo turismo por la zona.

 

Todo vino rodado, ya que pensando que nos íbamos a ir hacia el norte de Galicia, ¿por qué no aprovechábamos y ya que teníamos el coche de apoyo, continuábamos un día dando pedales…?

 

El verdadero Camino de Santiago, no empieza donde nos dicen los libros de rutas, ya sea el Camino Frances, el de Madrid, el Portugués, el de la Costa o el Antiguo Camino, ni siquiera La Vía de la Plata.

El verdadero Camino de Santiago, empieza desde la puerta de la casa, de cada una de las personas que comienzan el camino, con lo cual hay mil millones de sitios desde donde empezar el Camino de Santiago. Pero también es cierto, que solo hay un único sitio donde acaba el camino, donde los pueblos de la antigüedad pensaban que la tierra se terminaba…en Finisterre. (Finisterra)

 

Decidimos pasar la noche a las afueras de Santiago en un camping, y os puedo asegurar, que si durante los días anteriores no había llovido, esa noche se abrieron las compuertas de los cielos y nos cayó el diluvio universal encima.

 

A la mañana siguiente, nos levantamos y después de achicar agua de las tiendas, y del resto de enseres, nos dispusimos a recorrer esta parte final del camino. Ya sin carros que remolcar y sin prácticamente peso, los kilómetros se fueron haciendo mucho más rápidos y llevaderos. Desde Santiago a Finisterra hay85 kilómetros, los cuales los dividimos en dos rutas, una por la mañana de51 kmhasta la aldea de Olveiroa, perteneciente al municipio de Dumbría y otra por la tarde hasta el Cabo de Finisterre de30 kilómetrosaproximadamente.

Prácticamente el recorrido se puede hacer del tirón, ya que este tramo tiene mucho de caminos y carreteras segundarias asfaltadas con lo cual el ritmo se hace constante, no olvidándonos de que al ir por la costa a partir del municipio de CEE tenemos algún que otro sube y baja, los cuales a estas alturas se van notando en la fuerzas.

 

Cuando llegamos a Finsterra, el tiempo estaba bastante nublado y seguía de vez en cuando cayendo esa llovizna que todo lo empapa pero que da, a cada cosa, un color especial.

Es dentro del edificio del Cabo de Finisterre donde nos pusieron el “Último Sello”  y con el cual nos fuimos a hacernos la foto junto al kilómetro 0.00  de nuestro Camino de Santiago.

 

Atrás han quedado muchas cosas, muchas más que las que os he ido contando mes a mes, durante casi un año entero, y que no os las puedo contar, ya que por mucho que me esforzara, la única manera que me gustaría que las supierais, no es por una historia escrita en una revista, sino por que os habéis decidido hacer vuestro propio Camino de Santiago.

 

Buen Camino a todos.

 

 

Joder que bien nos lo hemos pasado Itxu.

Ni que lo digas, ha sido una experiencia maravillosa, y eso que tú tenías dudas…

La verdad que si, pero ha merecido la pena.

¿Qué es esa música? ¿Es música gallega, no Manu?

No Ixu, eso suena como un fado portugués creo…

¿Portugués? No fastidies… ¿Que distancia hay desde Santiago a Portugal?

No sé Itxu, pero si quieres lo puedo mirar … ¿por?

…por nada, querido compañero…por nada…

 

FIN

.

Deja un comentario

Nuestros Patrocinadores

Categorías
Descargas
Próximos eventos
Agosto  2017
Lun Mar Mié Jue Vie Sáb Dom
   
  1 2 3 4 5 6
7 8 9 10 11 12 13
14 15 16 17 18 19 20
21 22 23 24 25 26 27
28 29 30 31  
Pronóstico del Tiempo

pronostico del tiempo Pinto

Publicidad