Monte Abantos

 

Muchas ganas que provocan muchos nervios. Se durmió mal la noche de antes pensando en el majestuoso Abantos.

Por la mañana, algunos decidieron ir en coche, pero la mayoría decidió aprovechar la buena comunicación Pinto-El Escorial que ofrece Renfe.

El día se presumía duro, pero al mirar por la ventana se intuían unos nubarrones que no auguraba una jornada de montaña tranquila.

 

Nos reunimos a las 9:45h en la estación de Renfe los 12 valientes (algunas caras nuevas y algún artista invitado). ¿para qué hemos venido?, nos preguntamos. Pues para sufir, así que manos a la obra.

Para llegar al imponente Abanto, había que atravesar El escorial. Para muchos, El Escorial es conocido por su Monasterio, pero para mí, desde ese día, será conocido por una calle. La llaman “la rompecorazones”. Os podéis imaginar que no es por nigún tema amoroso, si no por cómo te deja la patata cuando consigues llegar arriba.

En plena ascensión, unos amables policías locales nos detuvieron para ver si nos estábamos riendo de ellos o simplemente éramos imbéciles, pues tras haber visto el coche patrulla, decidimos continuar por una calle prohibida durantela ascensión. Trasarreglar las cosas amablemente, conseguimos llegar a los pies de nuestro amigo Abantos.

 

La ascensión por la vía forestal se hizo bastante progresiva y “cómoda” (todo lo cómoda que puede ser en este tipo de puertos). En este punto ya estábamos distanciados en varios grupos. Cada uno a su ritmo, al “tran tran” o al “empujing”.

Cuando llegamos al Malagón, comenzó a nevar…¡¡¡a nevar!!!. Frio no, lo siguiente. De ahí hasta llegar a la cima: viento, frío, nieve, “se te cae la vela”, “quién me manda a mí venir aquí” y un sinfín de penurias, pero por contra, paisaje increíble y la satisfacción de haber conseguido el reto.

Tras las fotos de rigor, decidimos cambiar el camino de descenso, por aquello de no saltar a una propiedad privada (Valle de los Caídos). Cosa que nunca hacemos los ciclistas (ejem, ejem).

Preguntando, nos recomendaron 3 posibilidades: camino recto, camino molón pero sin complicaciones y camino hardcore. Porla calle Enmedio, es decir, el molón sin complicaciones. Algunos lo disfrutaron bajando, otros paseando, pero casi sin darnos cuenta ya estábamos abajo otra vez. Ruta terminada. Bueno, casi terminada, porque aún faltaba el avituallamiento líquido de rigor.

 

Tras finalizar, cada uno para su casa y tan amigos. Tocaba descansar el resto del día.

La ruta, preciosa. Repetiremos  seguro.

José M. Manzanero.

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